El comercio exterior es una actividad que interconecta agentes de distinta naturaleza, promueve el intercambio de mercancías (tangibles e intangibles), define patrones de consumo y, desde luego, incita los valores de la hegemonía capitalista que se actualizan según las necesidades de la época. Bajo esa perspectiva, el comercio no solo distribuye productos, sino que es un mecanismo empleado para expandir valores y visiones del mundo a favor del modo de organización social preponderante.
El célebre sociólogo Antonio Gramsci, mediante un fino análisis de los modos de operar del capitalismo de su época, señaló en sus Cuadernos de cárcel que “el modo de vida americano” se instauraba en la fábrica mediante la explotación de la fuerza de trabajo y su traslado en las prácticas culturales de la sociedad en su conjunto, caracterizadas por estandarizar los procesos de producción y la reproducción de patrones de consumo.
Esta visión hegemónica es vigente y se siguen estableciendo por dos vías: por la imposición y el establecimiento de consensos en la vida cotidiana y en los ámbitos nacional e internacional. En el área internacional los teóricos neorrealistas han llamado a esto el ejercicio del poder duro y/o del poder blando, debido a que no en todos los espacios es factible la implementación del mismo ejercicio del poder para lograr que el oponente ceda su voluntad para la obtención de beneficios.

Relaciones de poder en el comercio exterior

En algunos espacios, según los intelectuales orgánicos neorrealistas, será más factible la construcción de acuerdos comerciales o diplomáticos, mientras que en otros lugares una declaratoria de guerra es la opción preferida.
Así es como funciona el capitalismo contemporáneo, por lo que para los países subdesarrollados es importante reconocer esta distinción en el ejercicio del poder para generar estrategias y revertir las grandes dependencias con las potencias mundiales, así como comprender las acciones que implementan para mantener dicho poderío.
Estamos de acuerdo que el capitalismo no es exclusivamente impositivo, ya que tiene la presteza para interconectarse de manera inteligente con espacios que corresponden al ámbito nacional e internacional de manera consensuada. Michael Foucault definió a esto como la microfísica y la macrofísica del poder, reconociendo la importancia de mantener a las sociedades de manera doblegada en el ámbito local para configurar “cuerpos dóciles” y mantener el engranaje de poder en todos los aspectos de la vida.
Estas definiciones conceptuales son importantes para comprender la manera en que la clase política mexicana ha utilizado el miedo y la violencia como un elemento estratégico para reproducir una sociedad aterrada y mantener los sistemas de privilegios de unos cuantos., el miedo entonces tiene un carácter estratégico.
La apología de la violencia que se magnifica en los medios de comunicación cumple un papel fundamental para poder inmovilizar a la población y evitar que reclame por sus derechos o promueva sanciones a los actos de corrupción cometidos en la administración pública. Una sociedad con miedo más fácilmente permite que le atropellen sus derechos porque las amenazas reales o ficticias cumplen con su cometido: despolitizar.
En el ámbito internacional, Robert Cox, promotor de la teoría crítica de las relaciones internacionales, explica que el ejercicio del poder mundial funciona como la imagen de un centauro “mitad hombre, mitad bestia, una sabia mezcla entre coerción y la generación de consensos”, donde los países hegemónicos ejercen el poder mediante la implementación de acciones como la guerra o la generación de acuerdos diplomáticos, comerciales o de cooperación para el desarrollo.
Por ello, no podemos abstraer al comercio exterior de las relaciones de poder, es más, debemos incorporar a esta área del conocimiento herramientas teóricas y metodológicas para comprender las relaciones de poder que se involucran en esta actividad, porque comerciar no es solo intercambiar mercancías, sino también imponer interpretaciones del capitalismo y de la mafia político-económica que lo promueve.

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