Comercio local vs comercio transnacional

545
mario cruz

Asomarse a la central de abastos de Pachuca es un maravilloso espectáculo que todo observador a detalle no puede obviar. A pesar de la travesía que significa llegar a ese concurrido lugar, la recompensa lo vale: colores, olores, sabores y formas acompañadas de una riqueza sin igual en el lenguaje de los propietarios mayoristas o menudistas de los puestos de frutas, verduras y todo tipo de mercancías de uso doméstico.
Miles de consumidores hidalguenses se abastecen durante todo el año en ese lugar, unos llegan motivados por la variedad y frescura en los productos, otros por los precios más bajos para eficientar su ingreso frente a la crisis de la canasta básica. A la central de abastos de Pachuca llegan diversos tipos de consumidores, desde el gerente de un banco, el funcionario público, hasta las amas de casa de los estratos más pobres de la capital hidalguense. Todos conviviendo en ese espacio mercantil, cada quien en su propia lucha cotidiana por comprar más productos con menos dinero, recreando una y otra vez lo que nuestro célebre Francisco Gabilondo Soler, Cri Crí, ilustró musicalmente con “La patita”, que como la gran mayoría de los mexicanos se enfrenta cotidianamente a las fuerzas del libre mercado.
Miles de “patitas hidalguenses” se enfrentan a la inflación de enero (y de los meses que vienen); comparan, regatean, piden prueba, dedican tiempo para racionalizar sus ingresos sin importarles una marca en específico, porque aquí lo nacional es bien visto y nunca pasará de moda. Todos los que asisten están convencidos de que comprar al marchante, minoristas y mayoristas es mucho mejor que asistir al centro comercial de marca transnacional. Esto sin lugar a dudas es un acto de consumo libertario, porque se prioriza el desarrollo de las economías locales y maravillosamente reproductoras de simbolismos identitarios de “lo mexicano” y de “lo hidalguense”.

Consumamos nacional

No hay duda de que los mercados, tianguis y centrales de abasto son reservorios de prácticas culturales ancestrales que hemos heredado por muchas generaciones, los antiguos mexicanos recorrían grandes distancias para llegar a los centros de acopio en el centro del país para intercambiar sus productos y, con ello, diversificar sus intercambios culturales, científicos y políticos.
Es cierto que no podemos cerrarnos al proceso de mundialización del comercio, sin embargo es necesario reorientar nuestro consumo frente a la embestida del gran capital transnacional que impone precios, estandariza consumos y clasifica a los seres humanos entre los que pueden comprar y los que están fuera de los beneficios del mercado por no tener dinero.
Seguramente muchos mexicanos todavía recuerdan la frase “lo hecho en México está bien hecho”, una estrategia de corte nacionalista que pretendía fortalecer la economía interna y que nos hace falta frente al reto que impone la renegociación del TLCAN.
La diversificación del mercado quizá no sea la mejor de las respuestas en este momento para México, pero se debe plantear una política de Estado de largo plazo para reactivar las relaciones con otros países para que gradualmente se descentralice la dependencia con el país vecino, al mismo tiempo debemos incentivar el consumo interno para reactivar los sectores económicos nacionales. Eduquemos nuestro consumo, elijamos nacional y hagamos que lo hecho en México sea un sello de clase internacional.

[email protected]

Comentarios