Después de meses de incertidumbre, por fin comienza a vislumbrarse cierta claridad en la elección de alcaldes de este año. Ayer, en un comunicado conjunto, el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Instituto Estatal Electoral de Hidalgo (IEE) informaron que el 18 de octubre podría ser la fecha en que sea realizada la jornada electoral donde saldremos a elegir a los 84 ayuntamientos que conforman la entidad. Para quien no recuerde, desde el pasado primero de abril el proceso fue suspendido por el consejo general del INE debido al avance de la pandemia en nuestro país. Desde esa fecha, solo se habían planteado fechas tentativas: el 30 de agosto, 6 o 20 de septiembre. Pero pasó el tiempo y ninguna prosperó. Ahora proponen el 18 de octubre para llevar a cabo las votaciones, lo que implicaría un desfase de cuatro meses respecto a la fecha original. De concretarse la elección en esa fecha, los partidos y quienes tienen en sus manos la organización del proceso empezarían una carrera a contrarreloj, pues no solo se tienen que procesar las candidaturas, retomar la organización, y llevar a cabo la jornada electoral, sino que también será necesario preparar y afinar los protocolos sanitarios pertinentes para que el ejercicio cívico-político no termine siendo un factor que provoque la propagación del Covid-19. Vaya complicación. Y por si fuera poco, nuestra entidad también tiene encima el proceso para designar a los concejos municipales que servirán como gobiernos de transición en lo que son realizadas las elecciones formales. El reloj, en ese caso, también juega un papel en contra, a tal grado que el presidente de la comisión de gobernación del Congreso local el priista José Luis Espinosa Silva dijo que sopesan brincarse la publicación de una convocatoria pues “vemos que sí traería complicaciones en cuanto a tiempo”, ello a pesar de las implicaciones que podría traer una decisión de esa naturaleza, pues no es difícil anticipar que vendrían reclamos e inconformidades. De filón. Ayer el Congreso de Hidalgo aprobó por unanimidad la posibilidad de revocar el mandato a la figura del gobernador del estado, algo impensable hasta antes de la actual legislatura. Con ello, al igual que sucede en el ámbito federal, en Hidalgo el pueblo podrá decidir revocar de su cargo a un gobernador cuyo trabajo no esté a la altura de sus expectativas.

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