Cuando se habla de un concepto fundamental como el desarrollo económico, la primera tarea consiste en elaborar un diagnóstico preciso y específico que incorpore las necesarias variables para realizar un análisis preciso y certero que permita determinar el estado de desarrollo del país en cuestión, su condición financiera, comercial, laboral y el estado que guardan sus sectores (primario, secundario, terciario), es decir, una radiografía de lo más amplia y profunda posible del estado económico; también de las diferentes etapas de la estructura social que la conforman como su urgencia (o nivel) de industrialización, ¿dónde se encuentran los principales desequilibrios? Su capacidad para exportar (y que exportan), pues de esa depende en buena medida su capacidad de importación.

Cumplir con todas esas condiciones permite que un país alcance la estabilidad macroeconómica, es decir, una inflación bajo control, equilibrio fiscal, riesgo de país favorable y balanza comercial qué, si bien no es negativa, esté en los márgenes de la estabilidad, lo que significa exportaciones crecientes con importaciones también crecientes, un cuasi-equilibrio entre las partes. Sin embargo, dicha estabilidad no implica el crecimiento económico que es fundamental para lograr el desarrollo, porque solo se puede alcanzar con un modelo de política económica que garantice, por una parte, la estabilidad macro y por la otra que impulse el crecimiento de los tres sectores de la economía, lo que supone que se cumpla con cuatro variables básicas (que son parte del modelo keynesiano): consumo, empleo, inversión y ahorro. Sí se logra el crecimiento incrementa el consumo, y con ello el empleo (al buscar que sean trabajos de calidad), si crece el empleo también lo hará la inversión y el ahorro.

Sí la economía no crece, si el desarrollo no llega, si el desempleo permanece o aumenta, si la desigualdad y la pobreza es el único horizonte para millones de personas entonces lo que sobreviene es la desilusión, el enojo y el reclamo social. Es necesario extraer enseñanzas a las lecciones que nos ha dejado nuestra historia cercana. Son cuestiones tan complejas que solo una amplia deliberación colectiva puede conducirnos a un progreso real y duradero a partir de la diversidad de vivencias individuales y de qué entendemos por una sociedad justa.

El modo en que las organizaciones colectivas (partidos y movimientos políticos, sindicatos, organizaciones no gubernamentales y asociaciones de diversa índole) traducen las aspiraciones de desarrollo e igualdad y de emancipación individual en propuestas programáticas que desempeña un papel fundamental.

Es necesario tener presente que esa discusión y análisis de experiencias ha ocurrido en otros momentos de la historia, con ella se ha tratado de construir, sin resultados favorables hasta ahora, una posible respuesta multilateral. Basta recordar que en diciembre de 1952 la asamblea general de las Naciones Unidas adoptó una resolución que trataba “del financiamiento del desarrollo económico mediante el establecimiento de precios internacionales justos y equitativos para los artículos de primera necesidad”. La resolución anotaba primeramente la capacidad de obtener ganancias “adecuadas” de las exportaciones como una de las fuentes más importantes para los países subdesarrollados.

Como se puede leer, amable lector, lograr el desarrollo y alcanzar la igualdad, es un proceso complejo que exige tanto de esfuerzos personales como sociales y de acciones multilaterales.

Comentarios