La costumbre de proponer en campaña ambigüedades hace que con solo preguntar al candidato cómo le piensa hacer para cristalizar su oferta sea motivo para que se atragante y voltee a otro lado, intentando que nadie note su incapacidad de tener claro los qué, cómo, cuándo, con qué y con quiénes.
Son esas las preguntas elementales que se hacen los programadores/presupuestadores, esos que desde un rincón de la burocracia le salvan la vida a los malos políticos que resultan peores gobernantes.
No resulta fácil vislumbrar la ruta que debemos transitar como sociedad empoderada para quebrar los caminos de la corrupción. Hoy solo sabemos que podemos y debemos como sociedad iniciar con el combate frontal de ese cáncer social.
¿Por dónde empezamos?, si la corrupción es un pulpo cuyos tentáculos están presentes en todos lados, en todos los niveles de gobierno y últimamente ha invadido a las colonias y comunidades. Desde que a un gran corrupto, ubicado en posición de poder, que dispone de dinero publicó, se le ocurrió repartirlo entre incautos delegados o presidentes de los comités de las obras, empezamos a tocar fondo en esa maldición. Obras mal ejecutadas y que la sociedad no cuestiona, presupuestos alterados y que nunca permiten sean analizados por ese preguntón que siempre, por fortuna, existe, pero que es nulificado en una asamblea manipulada por mañosos y corrompidos. En fin, todos tenemos muy vista la película, solo falta los ¿cómo? y ¿por dónde? empezar con esa tarea nacional.
Presumo de saber del tema por haber transitado durante 10 años en la súper secretaria federal de Programación y Presupuesto y por el haber andado de comunidad en comunidad orientado a los indefensos indígenas para que aprendieran a interpretar un expediente técnico, pero, la maña del mestizo gobernante siempre iba un paso adelante. Pues les entregaban, o copias ilegibles o copias del expediente, pero rasurado, es decir, sin las hojas que detallaban las cantidades y costos de los materiales a usar. ¡Muy vivos!
El hallar los cómo, combatir realmente a la corrupción es la tarea ciudadana para los que tenemos el privilegio y la responsabilidad de haber acudido a las escuelas públicas. Y para ello, un grupo de ciudadanos hidalguenses hemos acordado seguir trabajando sobre el tema y llegado el momento, presentar a las instituciones gubernamentales las iniciativas ciudadanas que, sin miramientos, trastoquen, minen y derrumben a toda esa estructura institucionalizada que se traga casi el 40 por ciento de lo presupuestado para una obra o servicio público. Empezaremos por exigir que los regidores sean también electos, al igual que el o los síndicos. El que tengamos regidores electos por voto directo en cada demarcación de un municipio provocará que existan verdaderos contrapesos al poder presidencial y acabará con eso de que los regidores solo sean comparsas y legalizadores de los robos a la sociedad. Por ahí transitaremos y complementaremos nuestra preocupación y ocupación con otra iniciativa que acabe con la costumbre nefasta de que el alcalde ponga de tesorero a su compadre o comadre o de director de obras a ese contratista fuereño que le dio para su campaña. Por ahí atacaremos. Pronto haremos público nuestra aportación a México, con dedicatoria especial para ¡Hidalgo!

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