En economía el crecimiento es fundamental, sin él no existe posibilidad de desarrollo; no es una simple variable ni un indicador más, sino un órgano vital y por ello imprescindible del proceso de acumulación de capital y de la inversión pública. Sin crecimiento no hay manera de distribuir riqueza y esta no consiste en transferir las riquezas de los ricos a los pobres, “reside en financiar servicios públicos e ingresos de reposición más o menos iguales para todos, sobre todo en el ámbito de la educación, la salud y las jubilaciones”, Thomas Piketti.

Una primera conclusión establece que es solo con crecimiento como puede producirse riqueza y de esa manera distribuirla. Ahora bien, para que exista crecimiento es necesario que las dos partes de la educación funcionen adecuadamente, por una parte, está la estabilidad macroeconómica, es decir, la inflación con tasa de entre 3 y 4 por ciento anual, déficit presupuestal entre 1.5 y 2 por ciento, deuda externa de entre 1.5 y 2 por ciento del PIB; además de la apertura comercial que permite que México sea el primer socio comercial de Estados Unidos por encima de China. Y algunas reformas como la de telecomunicaciones y competencia.

En la otra parte de esa relación está o deberá estar la productividad, la economía formal (e informal), los salarios; sin embargo, aquí parece estar el problema, así lo establece Santiago Levy en su texto: Esfuerzos mal recompensados. La elusiva búsqueda de la prosperidad en México BID 2018.

Para este analista el problema central es la baja productividad de las empresas, “las compañías informales, ya sea legales o ilegales, dominan la economía. Son menos productivas, en especial porque son pequeñas y nunca alcanzan la escala suficiente para aprovechar a fondo el capital físico y humano que utilizan… como no aumentan la productividad no pueden crecer más de lo que se incremente el uso de la mano de obra y el capital” (ibídem). Un dato fundamental y explicativo es que en México solo existen “30 mil 630 establecimientos con 51 trabajadores o más y 19 mil 227 empresas con 51 trabajadores o más. Otro dato adicional, las empresas grandes que sobreviven en el mercado son mucho más productivas que el resto, pero mientras que en Estados Unidos la empresa más exitosa en estos términos es cuatro veces más productiva que el promedio de su sector; en México, la más exitosa es 64 veces más productiva, aún más, las empresas formales son 80 por ciento más productivas que las informales” (ibídem).

Ese comportamiento muestra que es necesario, pero no suficiente, formalizar la economía, si bien es un paso en la dirección correcta, es necesario mejorar sustantivamente la productividad, sin su incremento el crecimiento continuará siendo mediocre. Otras variables que forman parte de la referida ecuación son la delincuencia y la corrupción. La (in)seguridad es un aspecto fundamental del crecimiento económico, hoy las empresas deben destinar una parte importante para proteger sus empresas, se calcula que estas gastan entre 10 y 12 mil millones de dólares anuales para protegerse del crimen organizado.

La corrupción gubernamental y privada es también un fuerte obstáculo al crecimiento; ejemplos abundan, solo basta mencionar el robo de gasolina, gas LP, Odebrecht y un sinfín de etcéteras.

“Una primera conclusión es que crecer no es solamente un problema de voluntad política, es necesario, por supuesto, que se propongan políticas públicas de largo aliento, que se diseñe una reforma fiscal profunda, el impuesto no es un asunto técnico, sino eminentemente político y filosófico… se trata de tomar medidas para que los ciudadanos puedan decidir soberana y democráticamente los recursos que deseen dedicar a sus proyectos comunes: educación, salud, jubilación, desigualdad, empleo, desarrollo sostenible. Lógicamente, en todas las sociedades la forma concreta de los impuestos está en el centro de la confrontación política. Se trata de ponerse de acuerdo sobre quién debe pagar qué y en nombre de qué principios”, Thomas Piketti.

Hay rutas para lograr tasas de crecimiento estables, pero es necesario hacer a un lado la política populista, clientelar y reduccionista.

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