Los días que corren, atestados de propaganda y renovadas promesas, no auguran futuro promisorio para la mayoría de los mexicanos, cuando mucho, solo para algunos, aquellos que, después de la contienda del primero de julio, se levanten con la victoria en la mano; a ellos, sus familias, sus respectivos grupos políticos, quizá el mañana les sonría, pero nada de lo que vemos en las campañas actuales nos puede hacer pensar que se esté gestando una nueva sociedad, una nueva forma de hacer política y un nuevo modelo de país que realmente venga a resolver los grandes problemas que asolan a la población; vemos lo que de manera reiterada se ha presentado en otras ocasiones, con la diferencia que en esa se está aprovechando o capitalizando mayormente la inconformidad social, el enojo de la población ante su maltrecha situación económica y los niveles extremos de pobreza y corrupción, pues el sistema económico (y sus representantes) que sirve de base a nuestro país, ha mutilado al hombre, pues, como dice Víctor Hugo en su obra El hombre que ríe, “… le han estropeado la forma al derecho, a la justicia, a la verdad, a la razón y a la inteligencia”. Han sumido a la gran masa de mexicanos en una población demandante de justicia social, pero también en una gran masa de mutilados.
Y ante el cúmulo de promesas de los hoy candidatos, ¿cómo creerles? Cómo creerles, pues varios de ellos fueron hace apenas unas semanas funcionarios públicos, gente con el poder de atender y resolver varios problemas que la población les demandó y no lo hicieron. Ahora se nos presentan con discursos “prometedores”, por ejemplo, que van a legislar para dar becas a jóvenes para que estudien, pero cuando estuvo en sus manos la posibilidad de proporcionarlas simplemente se las negaron; negaron becas para estudiar, becas para la alimentación, albergues estudiantiles, construcción de aulas y hasta de sanitarios para distintas escuelas, así como la posibilidad de que docentes y alumnos cuenten con mejores condiciones de trabajo. Otros pudieron atender obras de infraestructura básica y de facto o con argumentos baladíes no lo hicieron; hay quienes aseguran que mejorarán las condiciones para el campo, pero tampoco lo hicieron en su momento, cuando tuvieron en sus manos la oportunidad y, además, no dicen cómo lo harán. Tenemos candidatos de los distintos partidos que prometen más y mejores empleos, pero ¿cómo los conseguirán? ¿De cuántos empleos estamos hablando? ¿Qué entienden ellos por “mejores empleos”? y tratando de ser justos, ¿está en sus manos esa posibilidad? Y si no, ¿por qué se atreven a decirlo?
Pero, además, cómo creerles cuando varios de sus correligionarios en funciones siguen negando la atención de las demandas de miles de mexicanos; me permito, nuevamente, recordar aquí algunos casos en Hidalgo: tenemos en la lista a la presidenta panista de Pachuca Yolanda Tellería Beltrán: mientras ella mantiene a las puertas de su oficina a miles de pachuqueños demandándole que resuelva solicitudes de la más estricta necesidad del ser humano, su esposo, también panista, Daniel Ludlow, promete el oro y el moro a los pachuqueños que se detienen a escucharlo. Y, asimismo, empecinado en su postura de cero atención, tenemos a su correligionario, el alcalde de San Felipe Orizatlán. Y el alcalde pesista de Huejutla (porque pertenece al partido Encuentro Social, PES), Raúl Badillo, tampoco sustenta el discurso de los candidatos de su partido con sus obras; al contrario, sus hechos los desmienten.
En iguales circunstancias se encuentra el alcalde priista de San Bartolo Tutotepec Uriel Islas Trejo quien en redondo niega toda atención y es tal su falta de oficio que incluso desconoce que recibir un documento con solicitud de obras no le obliga a resolverlas todas, aunque sí a contestar la solicitud; y mientras los candidatos por ese distrito se desgarran las vestiduras ante la pobreza, poco, en concreto, han hecho para combatirla; su mentalidad caciquil no se los permite. Asimismo, en la misma actitud, está el presidente municipal de Chilcuautla, el morenista Genaro Trejo. Todos tienen la característica, nada plausible, de desprecio a sus gobernados y el afán de poder. Por falta de espacio dejó otros casos para posterior ocasión. Pero a los antorchistas de los municipios hidalguenses aquí mencionados les recuerdo que tenemos instancias superiores a las que habremos de acudir en breve si los alcaldes mantienen su negativa de atención y solución a la problemática planteada.

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