¿Cómo es un restaurante en la era del coronavirus?

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  • Personal, con careta e impecable uniforme, te recibe; se nota que te están sonriendo debajo del cubre bocas, ¡qué bonito!

Pachuca.- ¿Será seguro comer en un restaurante en pleno semáforo rojo? Esa es la primera pregunta que salta a la mente cuando la opción más inmediata para satisfacer el hambre después de una caminata por los senderos de Mineral del Chico en busca de aire fresco tras meses de encierro, es acudir a uno de esos establecimientos.

Con todo y el miedo, te decides y repasas la lista de lugares que podrían, no solo garantizar calidad en sabor, sino el cumplimiento cabal de todas las medidas sanitarias para evitar la propagación del coronavirus (Covid-19). ¡En plena pandemia mundial es preciso elegir bien!

Entonces, después de recorrer algunos kilómetros en auto, mi novio y yo nos plantamos frente a la sucursal de El Serranillo de Mineral del Monte; es lunes por la tarde, así que no hay gente en el pueblo mágico más visitado de Hidalgo.

Apenas pisas la acera y las puertas de madera del lugar, uno de los de mayor prestigio en su sector, se abren de par en par. Acto seguido, el personal con careta e impecable uniforme te recibe, se nota que te están sonriendo debajo del cubre bocas, ¡qué bonito!

La verdad da gusto ver en acción a esas personas que se la juegan en sus empleos por mantener a flote la economía del país y darle la batalla al Covid-19, ese virus que nos ha robado todo.

El filtro sanitario sigue su marcha: toma de temperatura, pies sobre el tapete sanitizante y un chorro de gel antibacterial en las manos son parte del ritual.

Confieso que asistimos al lugar usando mascarillas (de esas como para pintar con aerosol), no estamos en Chernóbil, pero ninguna medida es exagerada; nadie nos juzgó con la mirada, cosa que me hace pensar que la nueva normalidad, parece volverse cada día más cotidiana.

Enseguida, te dan a elegir el lugar de tu preferencia, esa en la que te sientas cómodo y seguro, pero sin olvidar que la mentada “Susana distancia” debe estar presente entre mesa y mesa.

Previo a que se autorizara la reapertura de restaurantes, la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y de Alimentos Condimentados (Canirac), había dado a conocer que sus afiliados instrumentarían el protocolo Mesa segura para garantizar la salud de sus clientes.

No me queda más que dar fe de que este se cumple al pie de la letra: las cartas que pasaban de mano en mano son historia, y ahora, en la realidad del Covid-19, el menú está disponible en códigos QR cuidadosamente colocados al lado de cada mesa.

Así que después de elegir tus platillos desde tu móvil y ordenar al mesero, que porta careta en todo momento y se frota las manos con gel casi cada cinco minutos, te encomiendas a Dios confiando en que en la cocina todo se prepare con la más estricta higiene.

Luego, fuera mascarillas para comer, ¡por fin! Sobre la mesa no hay salseros, ni canastas de pan, ni totopos, ni ningún otro tipo de aditamento que pueda ser manipulado por los clientes, mientras que los cubiertos son llevados al momento envueltos en bolsas de celofán.

Antes de recibir mis enchiladas mineras, ya me había lavado las manos como cinco veces más y me aseguré de sellar el ritual con gel antibacterial en cada ocasión.

La verdad es que comimos rico, limpio y seguro. Hubo café y postre, cada detalle por parte del establecimiento es minuciosamente cuidado.

Recordemos la popular frase del subsecretario de promoción y prevención de la salud Hugo López-Gatell: “preparémonos para una epidemia larga”, en la que será preciso extremar precauciones para vivir, pero, sobre todo, para disfrutar de la restringida libertad, que por ahora nos queda.

Último detalle: cualquiera pensaría que un restaurante en tiempos de pandemia estaría vacío, sin embargo, para mi sorpresa y pese a que no era fin de semana, había varias mesas ocupadas en el lugar, aclaro, sin ser un lleno total. En alguna incluso, una familia completa disfrutaba de una tarde de comida y risas.

Eso me hace pensar en que la reactivación de la economía, aunque lenta, será posible. Ello sin dejar de lado que lo perdido tras 100 días de cierre no volverá jamás.

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