Hola, ¿cómo estás? Pues sí, aquí me tienes de nuevo, escribiendo para ti… y es que unos días atrás alguien me recordó que hace tiempo no lo hacía. No me malinterpretes, no te había escrito lo sé, pero eso no significa que no pensara en ti. A veces permitimos que el ritmo de la vida nos absorba y no nos damos tiempo para nosotros mismos y para todo aquello que nos hace felices; a veces permitimos que el trabajo y todas esas cosas que debemos cumplir, que debemos culminar, se adueñen de nuestro tiempo y que dediquemos gran parte de nuestra energía a desarrollarlas, y cuando miramos el calendario o nuestro reloj nos damos cuenta de todos los momentos que hemos dejado pasar como agua entre las manos. Pero tampoco eso significa que no me acordara de ti…
¡Cómo no me voy a acordar de ti! Si te veo a diario, o casi a diario e intercambiamos sonrisas, palabras o abrazos; si platicamos y nos recordamos mutuamente lo importante que somos, lo bien que nos vemos o lo mucho que nos queremos. Si en ese breve intercambio de palabras nos hacemos patente el afecto mutuo y manifestamos lo conscientes que somos de que estamos llenos de cosas por hacer y que entendemos perfecto nuestro apresuramiento, y nos despedimos con un hasta pronto.
¡Cómo no me voy a acordar de ti! Si con frecuencia nos llamamos o nos escribimos un mensaje para recordarnos que somos amigos, que nos preocupa lo que a cada quien le sucede y que estamos dispuestos a ayudarnos en todo momento; que los verdaderos amigos estarán por siempre atados de corazón y esos lazos son irrompibles; que si bien es cierto que no podemos vernos a diario o con la continuidad que nos gustaría, sabemos que recíprocamente contamos el uno con el otro.
¡Cómo no me voy a acordar de ti! Si con tu partida dejaste un hueco en mí, si al ausentarte te llevaste un trocito de mi ser y otro de mi corazón. Si cuando nos separamos porque nuestros caminos así lo requerían solo lo hicimos de manera física, pero nuestras almas y nuestros corazones siguen juntos, unidos. Si en ese mismo momento nos prometimos que estaríamos juntos para y por siempre… y para mí, siempre significa precisamente eso por toda la eternidad.
Tal vez yo escribí el último mensaje y me quedé esperando tu respuesta, no importa… ya llegará pues sé que me quieres tanto como yo a ti. Tal vez sigo esperando esa llamada que confirmará cuándo nos veremos, no importa. Como te dije antes, a veces nos dejamos absorber por la cotidianidad y por todo lo que nos abruma. Siempre habrá tiempo para nosotros y yo aquí estaré para ti; y si en este mismo instante yo necesitara de tu persona también estoy segura de que cuento contigo.
¡Cómo no me voy a acordar de ti! Si hemos compartido tanto, si tus tristezas me causan dolor, si tus alegrías me hacen feliz, si tus problemas me agobian, si tus éxitos los vivo como míos… si tú has llorado a mi lado, si me has ofrecido tu hombro y has tomado mi mano para que yo sepa que estás conmigo, si has disfrutado tanto como yo de lo que me hace sentir bien, si con tu mirada muchas veces me has dicho lo que las palabras no pueden y así mismo has comprendido lo que deseo decirte.
¡Cómo no me voy a acordar de ti! ¿Sabes? Siempre lo hago. Simplemente hoy quise que lo supieras de esta forma, hoy quise escribir con palabras lo que nos hemos dicho ya de tantas formas; hoy quise plasmarlo aquí para que lo conserves contigo y lo leas cuando lo consideres necesario; cuando los pensamientos te quieran traicionar y hacerte creer lo contrario; hoy quise que te buscaras y te encontraras en estas líneas… hoy quise también agradecerte de esta misma forma por todo eso que has dado a mi vida.

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