En días pasados, salió a la luz pública un video protagonizado por el senador Samuel García y su pareja Alejandra Alvarado donde el político reprochó y emitió comentarios misóginos en contra de ella por mostrar las piernas. Si bien parece que García es un personaje que vive de la polémica y no de la política (mucho menos de servir al pueblo), consideramos muy necesario desaprobar su actitud y hablar sobre ese comportamiento machista que debemos erradicar. Ante ello, aquí una breve lista de pasos para no ser un Samuel García.

Uno. Hacer una autorreflexión sobre tu comportamiento. La gran mayoría fuimos criados dentro del machismo; no obstante, eso no quiere decir que no podamos reformar nuestra conducta educándonos y haciéndonos conscientes de una superestructura que genera diferentes niveles de desigualdad. Un ejercicio fácil de realizar consiste en hacer una autorreflexión a partir de una simple pregunta: ¿en algún momento he vulnerado o he sido vulnerado con comentarios o acciones machistas? Hacer un listado de ello puede auxiliar para que notes que todos estamos insertos en esta problemática, pero hay quienes lo sufren más.

Dos. Educación. García se disculpó de sus acciones diciendo que “nadie le enseñó a ser feminista”. Cierto, pero ello no quiere decir que tengamos los brazos atados a la espalda. Si eres estudiante, puedes consultar a tus profesoras que sean especialistas en feminismo y género. Si tu paso por la escuela ya terminó, puedes acudir a cursos proporcionados por organizaciones no lucrativas, instituciones educativas y de gobierno, activistas, consultar textos en bibliotecas o artículos en línea, y un largo etcétera. Y ojo, hay que tratar de ser lo más abiertos y participativos posibles, así como dejar de ocupar la educación solo para reafirmar tus prejuicios.

Tres. No te desesperes. El cambio de comportamiento y actitud es un ejercicio paulatino que se va alimentando día a día; uno no deja de ser machista en unas cuantas horas, sino que es un cambio que requiere esfuerzo y compromiso tanto individual como colectivo. Así que no te sientas mal si de repente tienes un tropiezo ni tampoco te desesperes si tus amistades, pareja o familiares te critican o ejercen una actitud misógina, recuerda que tú estuviste en su lugar en cierto momento y que las personas no viven los mismos procesos y experiencias de vida que tú.

Cuatro. No adquirir una actitud rígida. Es común que cuando una persona se acerca al feminismo, al género o a las nuevas masculinidades haga una toma de conciencia que le haga ver de manera profunda las desigualdades que vive la población. En ocasiones, esto provoca que generemos una actitud rígida y severa que divida la complejidad de estas situaciones en una lucha de indios contra vaqueros. Recuerda que esto es un ejercicio que se alimenta día con día y que debemos reflexionar constantemente dentro de un espacio-tiempo determinado, por lo que reducirlo a una cuestión de blancos y negros, reduce a su vez los diversos espectros de esta superestructura.

Cinco. Aproximarte al feminismo no te hace experto en lo que viven las mujeres. Otra situación común es ver varones que se aproximan al feminismo y que creen que pueden explicar todo lo que viven las mujeres, incluso a las propias mujeres y de mejor manera que ellas. Esto se llama mansplaining y no está bien. Lo que sí puedes hacer es platicar sobre las maneras en que el machismo vulnera a los hombres. A lo mejor en una plática entre amigos encuentran puntos de convergencia y pueden ir generando soluciones para erradicar al machismo desde sus trincheras.

Seis. Abandonar la idea de que machismo y feminismo son lo mismo. Último punto pero bien importante. El machismo es una superestructura que pregona que el hombre y lo masculino son superiores a la mujer, por lo que los varones deben ser favorecidos en todos los aspectos de la vida. No solo es ejercido por los hombres, sino también por mujeres. El feminismo, por su parte, es un conjunto de teorías, movimientos y propuestas desde diferentes esferas de lo social que buscan la igualdad de derechos entre las personas, sin importar género, identidad sexual o preferencia sexual. No son lo mismo. Ni tampoco el feminismo es una moda, gracias a este las mujeres han luchado y conseguido varios derechos que, anteriormente les eran negados, como la educación, de salud y reproductivos, al voto y la participación política, al trabajo y las compensaciones laborales, aunque también hay otros por los que siguen en lucha.

Pues ahí está, una guía breve pero que consideramos puede ser un punto de partida para no ser un Samuel García y sí, una persona con sentido crítico y más consciente. Erradicar el machismo no es una tarea fácil, pero si todos contribuimos, podemos generar un mejor mañana. Quiero agradecer infinitamente a las especialistas en género Melissa Baños Caño y Georgina Ortega Luna por la orientación en la realización de este texto.

@Lucasvselmundo
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