Jesus David Quiroz Jiménez

La ola de calor de las últimas semanas, el frío de principios año, así como los huracanes del año pasado nos hablan de climas extremos que podrían tener su origen en el calentamiento global. Las mediciones históricas de temperatura señalan que desde 2001 se han presentado 16 de los 17 años más calurosos de los que se tiene registro.
El calentamiento global es la tendencia del clima hacia mayores temperaturas planetarias debido a la emisión antrópica de gases con la capacidad de absorber calor, es decir, de efecto invernadero (ejemplo, dióxido de carbono). Si hay más gases de ese tipo, entonces la temperatura del planeta aumenta; sin embargo, sus concentraciones actuales no tienen comparación, al menos en los últimos 650 mil años de la historia de la Tierra, y la tendencia apunta un aumento desmedido. Nuestra hambre de combustibles fósiles (gasolina y carbón) y las actividades ganaderas, entre otros factores, magnifican el problema. Y es que todos los componentes naturales de la Tierra están interconectados. Por ejemplo, la cría y alimentación del ganado requiere de millones de hectáreas (además de millones de litros de agua), por lo cual las zonas boscosas son desestimadas y convertidas en praderas. La pérdida de cobertura vegetal trae consigo un sinnúmero de consecuencias al medio ambiente que nos afectan directamente. Si hay menos vegetación, existe menos fotosíntesis y el dióxido de carbono que podrían capturar las plantas termina acumulándose en la atmosfera, calentando el planeta. Además, a menor cobertura vegetal, el suelo se degrada y erosiona, disminuyendo su capacidad de infiltrar agua a los mantos acuíferos. De esa forma, ciudades como la Ciudad de México, que padece de escasez de agua, puede ver acrecentado su problema al considerarse como una de las 11 ciudades más vulnerables del mundo a quedarse sin el vital líquido en los próximos años.
Ejemplos de los efectos del calentamiento global existen por todas partes y no se limitan a una región o entorno específico. A menudo, cuando pensamos en ese fenómeno, recordamos las escenas de osos polares en inanición que recorren grandes distancias para encontrar alimento debido al derretimiento de las tierras que habita. Sin embargo, en nuestro país podemos apreciar también los efectos del calentamiento global en la muerte en grandes cantidades de mariposas monarcas en la reserva de la biósfera, en la transmisión de enfermedades por los mosquitos en lugares donde no eran abundantes, en las sequías severas que azotan el norte del país, en la existencia de tres huracanes simultáneos en el Golfo de México en 2017, en la desaparición gradual de los glaciares del Pico de Orizaba, y hasta en la disminución del número de los cactus viejitos en la barranca de Metztitlán. Nuestro entorno ambiental está siendo modificado y, si bien, el ser humano es el causante del problema, también puede ser la solución. Necesitamos actuar de manera inmediata.
El acuerdo de París, del cual es parte México, es un compromiso de la mayoría de los países para disminuir sus emisiones de gases de efecto invernadero y así mitigar el calentamiento global que afecta a los organismos. Pero hay que mencionar que solo con los esfuerzos gubernamentales, bajar nuestro consumo de carne, optar por transportes limpios como la bicicleta, preferir el transporte público a un automóvil, y hasta bajar nuestro consumo de electricidad pueden marcar la diferencia para no vivir en un mundo cada vez más cálido y caótico.

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