Los pioneros de Internet creían que era posible conectar todas las computadoras del mundo entre sí. La pregunta era: ¿cómo hacerlo, si pasar un cable por cada una es imposible? Precisamente, la magia de la red de redes consiste en que no es necesario tener conectadas físicamente todas las computadoras a ella, sino solamente la nuestra a un aparato llamado router –en español se dice ruteador o enrutador y es el dispositivo que determina la ruta que debe tomar el paquete de datos, de ahí su nombre–. A su vez, este router está conectado a muchos otros, lo cual permite que haya suficientes conexiones intermediando entre todas las computadoras.
Ahora, por un momento, dejemos la cuestión del router a un lado e imaginemos lo siguiente: cuando una computadora se conecta a Internet se le asigna un número único –como si se le bautizara con un nombre–, pero en el momento en que se desconecta pierde su número y cuando se vuelve a conectar se le asigna uno nuevo. A este número se le llama “dirección IP” –o simplemente IP– y está compuesto por cuatro cifras divididas por puntos, que van del cero al 255. Un ejemplo es: 245.123.145.12.
Por otro lado, toda la información que se transmite por Internet viaja en forma de “paquetes” encapsulados, como si se tratara de una carta dentro de un sobre. El sobre de un paquete, entre otros datos, indica quién lo envió y para quién es. Así, en vez de indicar la calle, colonia, estado y el país del remitente y del destinatario, se indica el IP de cada uno.
Ahora bien, supongamos que la computadora A quiere enviar un mensaje a la computadora K. Lo único que tiene que hacer es indicarle al router al que está conectada –router uno– lo siguiente: “Mándale este mensaje a la computadora K”. De ahí en adelante la computadora A no tiene que preocuparse por nada, pues el problema ahora es del router uno. Éste recibe el paquete, reconoce el IP y sabe a dónde enviarlo; en este caso, al router dos. ¿Cómo “sabe” que lo debe mandar al router dos y no al tres? Muy sencillo: cada router tiene una lista de rutas que debe seguir. Si el mensaje que envió la computadora A tiene en su “sobre” anotado el IP 123.200.90.153, correspondiente al destinatario final, entonces el router sabe por el primer número —123— que el sobre corresponde al router dos. Es un proceso similar a lo que ocurre cuando mandamos una carta a China: los miembros del servicio postal mexicano no conocen la colonia ni la calle a la que la enviamos, pero saben qué avión la llevará a su destino. Asimismo, cuando la carta llega a China, los agentes del servicio postal de ese país saben a dónde enviarla, pues el territorio está dividido en zonas –estados, ciudades, distritos–. De la misma manera, el router uno reconoce el primer número y lo dirige a donde debe llegar. Después, el router dos recibe el paquete y se da cuenta que lo tiene que mandar a la computadora K y, de esta forma, lo hace llegar ahí.
Recuerde: los paquetes que viajan por Internet contienen muchas otras cosas y los routers tienen muchas más funciones, pero, por el momento, ya se dio una idea de cómo viaja la información por la red.

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