Melisa Agüero

Se reanuda el proceso electoral sin más que intereses políticos, porque bien lo dijo esta semana el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) Lorenzo Córdova ellos no se subordinan a lo que las autoridades de salud digan, a este órgano le corresponde “hacer valer los derechos político electorales de los ciudadanos”, sea lo que sea que eso signifique.

Parecen haber tomado una decisión contundente ya, sin importar si la contingencia sanitaria por Covid-19 maneja cifras ascendentes en Hidalgo. La verdad es que no los culpo porque quienes se encuentran a la cabeza de los ayuntamientos han dejado mucho que desear.

Y es que desde la causa animalista tenemos muy malas experiencias con las últimas administraciones municipales porque sin importar el partido político, todas se han despreocupado por los acuerdos internacionales a los que está adherido México, y hasta lo que la misma Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha decretado a favor de los animales no humanos, y para ejemplo tenemos a Febronio Rodríguez, alcalde de Tianguistengo emanado del Partido Encuentro Social (PES), quien a principios de julio –y en plena contingencia sanitaria– declaró como bien inmaterial cultural las peleas de gallos, lo cual va contra la declaratoria 163/2018, la que justamente se dio por una controversia cuando en Veracruz buscaban prohibir esa actividad. Que alguien le explique, plis.

Hoy lo reconocemos por abonar a la insensibilización social cuando en México vivimos altos índices de violencia ya, y con una iniciativa que solo apoya a un sector minoritario de comerciantes, a los cuales la Suprema Corte ya les dijo que su sustento económico no es pretexto para hacer sufrir a los animales, pero ¿a quién le importa?, ¿cierto? Habría que recordárselo a su partido estas elecciones.

Al final no es muy distinto de lo que hizo la panista Yolanda Tellería al entrar como alcaldesa en Pachuca, pues dijo públicamente que los toros están hechos para morir en el ruedo; palabras más, palabras menos, se refería a su afición por la tauromaquia, que además durante toda su administración vimos que no solo había un gusto por esta actividad, sino hasta por la crianza ilegal de perros, pues jamás dispuso a un solo elemento de la Policía para retirar a los vendedores de animales domésticos que se encuentran afuera de la Plaza de Toros.

Ya ni hablemos de la aceptación que tiene por la venta de perritos de raza, pero el terrible desprecio que predomina por los que no tienen pedigree, porque junto a su aliado Óscar Rodarte, secretario municipal de Medio Ambiente, han hecho de todo para desaparecerlos, hasta durante este periodo de encierro, y es “chistoso” porque no mueven ni un dedo para atender a los ciudadanos que llegan a pedir apoyo al Centro de Control Canino, ¿pero qué tal para matar? ¡Gracias, Yoli! A los de Pachuca no les da ni vergüenza el hecho de que compartiendo el mismo techo con Mineral de la Reforma, se vea la diferencia abismal en la forma de trabajo, pues mientras Pachuca para todo pone pretextos, en La Reforma hasta trabajan los sábados vacunando y abriendo sus puertas para generar adopciones, porque como ya es sabido, son los únicos que dejaron de sacrificar a los perros en situación de abandono. Ni el ejemplo les sirve, en ese ayuntamiento definitivamente no hay vocación.

Es chistoso, los panistas son muy “provida” hasta que la vida les estorba, como a Erick Marte, que un día previo a que le entregaran el nombramiento de Pueblo Mágico mandó a recolectar a los perros callejeros de Zimapán para evitar la mala imagen, pero ¡oh, sorpresa!, la mala imagen terminó siendo la de él, porque descubrimos que su supuesta perrera era solo un terreno baldío más parecido a un basurero, donde habían cercado solamente, y ahí encerraban a los perros a la intemperie; otro dato curioso es que según ahí realizaba campañas de esterilización. No, pues gracias por el servicio, se nota que sí les interesa mucho el tema, tanto que hasta nos quedamos esperando el supuesto reglamento de protección animal que prometieron después de haber sido señalados hasta por medios internacionales como los que tiraban perros a la basura.

¿Y cómo nos fue con los emanados del Panal? Pues lamentable también, en Real del Monte y en Tenango de Doria casi le echan la culpa a los perros por ser maltratados. Jaime Soto hizo un mínimo esfuerzo para terminar haciendo todo mal a pesar de ser un municipio que vive casi por completo del turismo y mucho de su turismo es petfriendly, pero es que si él no daba una, también tiene que ver la incapacidad de todos los que conforman su ayuntamiento, que por todo se hacen los ofendidos con tal de no hacer trabajo extra. Mientras Aldo Octavio Molina enfrentó una denuncia pública por un perro ahorcado diciendo casi casi que se lo había ganado y con permiso de su dueño. Johnny, la gente está muy loca.

Aún hay muchos municipios que evaluar, y lo mejor es hacerlo pronto, porque los animales necesitan ser tomados en cuenta de manera transversal en el siguiente plan de desarrollo. No es una opción protegerlos o no, y no deben ser bandera política, necesitan un marco legal consciente porque ya vimos que esta moda antropocentrista ya nos trajo una pandemia de la que no saldremos pronto, así que bien podríamos considerar una nueva normalidad más empática con el entorno.

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