Cómo ver el cine

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Alejandra Rodrigo

La enfermedad del genio

Alguna vez escuché a mi padre decir: “A veces la gente cuando ve una película como esta, se cura”.

En 1996 se estrenó una cinta biográfica sobre el pianista David Helfgott, músico famoso por su gran destreza en las manos y sus desórdenes mentales. Hablo de Claro oscuro, o en su título en inglés la podemos encontrar como Shine, dirigida por Scott Hicks con la maravillosa actuación de Geoffrey Rush interpretando a David Helfgott, cuyo trabajo le valió el Oscar.

Esa película narra la difícil batalla de un genio del piano, quien para vivir su vida en la música sacrifica su estabilidad mental.

Anecdóticamente podríamos describirla como la historia de un ser humano que por su talento sufre por la disciplina de un padre frustrado, quien en aras de no separar a la familia trata de impedir la gloriosa vida artística de su hijo.

Si revisamos la biografía de David Helfgott encontraremos que el gran responsable de ese desorden metal y emocional fue su padre y la conducta estricta de este. Sin embargo, en Claro oscuro podemos observar, interpretar o inferir las razones del “villano”, que finalmente eleva a héroe musical a su hijo.

Una familia de escasos recursos, descendiente de la gran tragedia del holocausto, encuentra un refugio en el arte musical. Y en esa cuna acontece un prodigio del piano, a quien se le visualiza para tocar la grandeza; pero cuando un padre en su niñez sufrió la separación familiar, tratará de fomentar la unión de ese vínculo sanguíneo, pese a contradecir el amor propio a la música.

Pareciera una historia sencilla, que más allá de narrar una vida real abrió durante su exhibición cinematográfica la conciencia y las emociones de los espectadores que vivieron esa experiencia desde sus butacas. Un público lloroso estableció el vínculo emocional con aquel al que le cortaban las alas, se identificó con aquel prodigio que fue enfermado por la gran presión familiar que implica poseer un talento.

Sin embargo, aquel que posee un valioso regalo no puede negárselo al mundo. Pese a la enfermedad mental del personaje, la película nos muestra a un hombre entrañable que no solo desea tocar el piano, revela a un ser humano que desea amar y ser amado. La música resulta un medio para vivir ese sentimiento sublime.

Sí, el cine también ayuda a curar a las personas, sobre todo cuando nos damos cuenta que el origen de todas las enfermedades es la frustración, el desamor y la ira. Y un antídoto sobre esos síntomas será el teatro, la danza, la pintura, la escultura, la literatura, la música y el cine.

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