Poco a poco he ido formando un pequeño diccionario de conceptos que nos permitan ampliar las herramientas de interpretación y disfrute del séptimo arte. Para entrar en la materia de ese ejercicio reflexivo me gustaría empezar con la película Metrópolis, de Fritz Lang.

Estrenada en 1927, durante el surgimiento del expresionismo (movimiento cultural alemán), fue una cinta muda perteneciente al género de ciencia ficción y considerada como una de las mejores películas del cine mundial; además, fue el primer filme considerado “Memoria del mundo” por la Unesco.

Como anécdota, cuenta la historia de la deshumanización del individuo, masificado y sometido por un mundo industrializado. “En la oscuridad de la tierra se encuentra la ciudad de los obreros”. En su composición visual Lang hace uso de la geometría descriptiva, que consiste en representar sobre una superficie plana las figuras de forma tridimensional, proyectando profundidad y dimensión en la pantalla; así, los personajes de la película viven en un mundo perfectamente delineado por un universo de triángulos, cuadrados y rectángulos que determinan las conductas y emociones de los personajes, como si ellos fueran números de una fórmula matemática.

En oposición, encontramos “el milagro de los jardines eternos”, habitados por los hijos de los hombres poseedores del oro. Esa clase “noble” dueña de la belleza, los placeres y la libertad. Representada por figuras ondulatorias y circulares. El amor de un hombre y una mujer, sujetos a una distinción de clases sociales, se vuelve el acto revolucionario en Metrópolis. El hombre en su deseo por encontrar el amor se sumerge al mundo de los obreros atravesando un viaje de conciencia, el cual está obligado a enfrentarse al monstruo de la industria, su padre.

Una lucha entre la ciencia y la emoción, la confrontación de clases, la batalla entre la humanidad y la máquina son temas vigentes expuestos hace 90 años.

Metrópolis, al pertenecer al movimiento de vanguardia expresionista, representa la subjetividad, la expresión física como resultado de una profunda emoción. Es una crítica a la corriente filosófica positivista: “El amor por principio, el orden por base, el progreso por fin”. Filosofía que definía el progreso como crecimiento económico, el orden como la condición de tranquilidad humana, y el amor, indefinible; además, el método científico como la base del conocimiento. Pero para los expresionistas, la experiencia humana en su máxima vivencia era la base fundamental del conocimiento. Lo primordial estaba en el interior del individuo.

La trama de la película está contenida por una narración de imágenes pasivas que evocan una multitud masificada y de la violencia de imágenes del acero. Como parte de su universo de signos nos proporciona el nombre de María como la mujer en la cual está depositada la salvación del mundo, pero en la misma imagen femenina se deposita la ejecución de los siete pecados capitales y el anuncio de los jinetes del Apocalipsis.

Metrópolis es una excelente opción para empezar a observar el cine como una fuente de conocimiento, así como de diversión. Desgraciadamente la versión que podemos encontrar en la actualidad fue recortada y modificada, sin embargo, muchos esfuerzos se han hecho para mantener la fidelidad de la anécdota y del discurso de la película. La UNESCO, gracias a la voluntad por preservar la cultura, estableció un registro de Memoria del Mundo, y en 2001 ingresó por primera vez una película como Patrimonio Audiovisual de la Humanidad, siendo Metrópolis la elegida por su gran valor estético en cuanto a la composición arquitectónica y por sus imágenes en claro oscuro en relación con su discurso filosófico.

Metrópolis, en la memoria del mundo, evoca una realidad vigente.

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