La naturaleza del escorpión, la naturaleza humana… “Hace mucho tiempo una mujer estaba recogiendo leña. Encontró una víbora venenosa congelada en la nieve. Llevó a la víbora a su casa y ahí le dio salud. Un día la víbora la mordió en la mejilla. Mientras yacía moribunda le preguntó a la víbora: ‘¿Por qué me has hecho esto?’ Y la víbora respondió: ‘Mira, perra, tú sabías que yo era una víbora’”.

Ese pequeño cuento es la metáfora de Asesinos por naturaleza, que describe al ser humano. Esa película de 1994, dirigida por Oliver Stone y basada en una historia original de Quentin Tarantino, con las actuaciones de Woody Harrelson y Juliette Lewis, Robert Downey Jr y Tommy Lee Jones, surge como una burla a una época y a un país que durante la década de 1980 fue residencia de una gran cantidad de asesinos seriales, que se volvieron famosos mundialmente gracias a la proyección televisiva que los convirtió en héroes; recordemos las escandalosas historias de Charles Manson, Ted Bundy y Richard Ramírez.

Asesinos por naturaleza trata la historia de Mickey y Mallory Knox. Una pareja de jóvenes enamorados, que unidos por la “enfermedad de la tristeza” encuentran refugio en el disfrute del asesinato serial. Para ellos resulta una forma de liberar al mundo y de liberarse del mundo; el asesinato como un acto puro de la existencia. Finalmente, esos dos seres humanos son la consecuencia orgánica de una sociedad derruida por un comportamiento hipócrita, de la cual esos antihéroes no quieren ser parte.

Mickey, a pesar de odiar a la humanidad, representa la idea suprema del amor. El encuentro con Mallory resulta un regalo del destino con el objetivo de formar una familia feliz.

Pero, en el fondo, esa película trata sobre un aspecto de la naturaleza humana: la “violencia vital”, esa que nos hace permanecer vivos ante un medio hostil. Ante una circunstancia “adecuada” cualquier ser humano es un asesino. Sin embargo, esa cinta exhibe como principal villano al medio televisivo, que disfrazado de noticiero promueve la violencia; critica a esos medios amarillistas que han promovido el terrorismo como un acto heroico. Gracias a la televisión, el crimen es un estado cotidiano y legal.

Pero lejos de moralizar la violencia u homenajearla, la propuesta de esa cinta es mucho más inteligente; coloca distintos factores en la suma –el sistema de justicia, los medios informativos y la familia– que provocan el enojo brutal del psicópata. No importa saber la diferencia entre el bien y el mal para optar por una conducta. En un mundo en el cual “todas la criaturas de Dios asesinan de una u otra forma”, no queda otro remedio que aceptar nuestra naturaleza asesina.

CINE

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