Las grandes potencias saben que la competencia por el liderazgo está soportada en cuatro pilares estratégicos y que cualquiera que quiera disputar la hegemonía a Estados Unidos (EU) deberá cultivarlos de manera sustantiva si quiere poner en jaque ese liderazgo.

El enfoque de la producción estratégica, encabezado por la ideóloga Ana Esther Ceceña, considera que la batalla capitalista tiene varios frentes: económico-tecnológico, militar, geopolítico y cultural, mismos que nos permiten comprender las lógicas de poder que encabezan EU, pero también conocer los límites que tiene para generar procesos de resistencia y construcción de emancipaciones de los países que están bajo la tutela directa de ese país.

Conocer los “datos duros de la hegemonía” evitará falsos debates sobre la caída del liderazgo estadunidense y comprender que la avanzada militar actual en Medio Oriente, particularmente en Irán, atiende a lógicas geopolíticas en la región, pero que además se utiliza el conflicto para fortalecer la legitimidad de Donald Trump en un periodo electoral. No hay ninguna casualidad, estas acciones atiende a principios de política interna y externa al puro estilo de la escuela realista estadunidense.

La producción de tecnología de vanguardia marca la diferencia en términos de valor y producción de ganancia, pero también determina la preminencia del paradigma científico-tecnológico global que dicta la ruta en el modo de organización social capitalista. Como nadie, EU mediante sus transnacionales ha desarrollado procesos productivos que apuntalan la generación de tecnología de punta vinculada siempre a la milicia. Según Fortune (2019) de las 500 empresas con mayor generación de ingresos se encuentran 50 distribuidas territorialmente en 12 países de la siguiente manera: Estados Unidos (21), China (11), Francia (tres), Alemania (tres), Japón (tres), Inglaterra (dos), Holanda (dos), Rusia (uno), Singapur (uno), Corea del Sur (uno), Suiza (uno) y Taiwán (uno).

Por otra parte, los sectores productivos de las 500 empresas que más destacan son las finanzas (117 empresas), de las cuales Estados Unidos tiene 28 y China 24, que concentran el 76 por ciento mundial de ese sector. En materia tecnológica destacan 44 firmas globales, de las cuales 11 son estadunidenses, ocho japonesas y ocho chinas, representando el 78 por ciento mundial de ese sector.

En materia militar, el Sipri Year Book (2019) señala que los cinco países que más gastaron en este rubro durante 2018 fueron EU, China, Arabia Saudí, India y Francia, que en conjunto representaron el 60 por ciento del gasto militar mundial. Pero, EU aumentó su gasto militar hasta alcanzar los 649 mil millones de dólares en 2018. El gasto estadunidense representó el 36 por ciento del gasto militar mundial y fue 2.

6 veces mayor que el del segundo país: China.

La cobertura militar que EU tiene en el mundo realmente es escandalosa, ya que es el país que más destacamentos militares tiene fuera de su territorio. Según Raúl Capote (2018), este país tiene cerca de 800 bases militares a lo largo del mundo, de ellas, más de 76 en América Latina. Entre las más conocidas resaltan: 12 en Panamá, 12 en Puerto Rico, nueve en Colombia y ocho en Perú, concentrándose la mayor cantidad en Centroamérica y el Caribe.

Finalmente, en el plano cultural, el “american way of life” sigue siendo el referente de consumo cultural mundial y que busca esta nación proyectar en el cine, en la comida, la música y el idioma con la intención de convertir como aspiracional este modo de vida.

Para aquellos que sugieren ciegamente que el declive de la hegemonía está a la vuelta de la esquina, deberán de refutar estos hallazgos empíricos, porque existe competencia de varias naciones en los cuatro pilares estratégicos, pero no se visualiza un relevo hegemónico en el corto plazo que cubra completamente los planos de la competencia.

México debe conocer los campos de batalla de la hegemonía mundial, identificar los modos de operar de los actores que la encabezan, las estrategias que implementan y diseñar estrategias que permitan fortalecer el anhelado desarrollo nacional en un contexto de vecindad geográfica con la nación más poderosa del mundo. Nuestro país no tiene una escuela de pensamiento que coadyuve en la toma de decisiones nacionales capaces de comprender el juego de ajedrez global y generar contrapesos reales en el ámbito internacional, como sí lo hacen otras naciones. Las universidades tenemos el compromiso de generar think tanks; cuerpos de pensamiento que hagan prospectiva para orientar la toma de decisiones asertivas de los hombres de Estado y que eviten procesos consensuados en asambleas de mano alzada. De no acelerar la ruta de creación de una escuela de geopolítica e inteligencia, seguiremos siendo espectadores, o los peones, de siempre en el tablero del poder mundial.

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