Hoy banalizada por causa de adaptaciones desencantadas, hubo un momento en el que la fantasía heróica de Robert E. Howard compitió contra Tolkien en términos de popularidad y magnetismo con los lectores, pero fue la cuna de uno de los personajes más queridos de la literatura pulp: Conan, el bárbaro.

Surgido entre páginas tan desiguales como anecdóticamente incomprensibles, Conan fue producto de una de las plumas más desequilibradas de la literatura estadunidense. Howard fue un niño tímido y muy precoz en términos de su inclinación por la escritura, pero también el blanco de bravucones que lo martirizaron hasta que decidió dedicarse a la equitación, el boxeo y la gimnasia, cuando se convirtió en un sujeto corpulento de más de un metro ochenta que conservó sus manías de escritor.

Gracias a que escribía en cantidades industriales, Howard fue uno de los autores más remunerados de su época, considerando que la literatura pulp era masiva y de consumo general, pero hasta el nacimiento de Conan su producción marchó casi en exclusividad con las aventuras del personaje, pese a que también escribió una novela y desarrolló a varias criaturas más, de las que destacan el rey Kull y Solomon Kane.

El universo ficticio de Howard es bastante peculiar. Una especie de paréntesis aparte de las civilizaciones conocidas y recordadas por el hombre, donde hay caprichos naturales de proporciones cataclísmicas; civilizaciones avanzadas en apariencia dueñas de una fusión de ciencia y magia; seres procedentes de otras dimensiones y de otros planetas, en una Tierra salvaje, apenas preparada para un collage de semejantes proporciones.

Ahí, los desfavorecidos y menos preparados para el cambio son las sociedades avanzadas, quienes no alcanzan a sobrevivir como los primitivos y salvajes, cuya resistencia siempre supera a los otros. En medio de ellos surge Conan, montañés sobreviviente de una aldea arrasada por unos mercenarios, además esclavizado hasta que conoce la libertad y comienzan sus aventuras.

A diferencia de otros héroes de la ficción y la época cuando fue creado, Howard desarrolló toda una noción de geografía fantástica como no se había propuesto otro autor, poblada por desiertos, selvas, altiplanos, mares, costas, todas con nombres nunca usados, en supuestas lenguas olvidadas o desconocidas por el hombre moderno, de sociedades con protagonistas dueños de oficios por igual muy distintos de la norma: ciudades de ladrones, magos, reinos de negros emancipados en el corazón de selvas inaccesibles; valles poblados por demonios y seres infernales capaces de atrocidades inconcebibles…

Cuando se repasa el mundo creado por Howard, la mirada semi neutra de Conan es la de un testigo de situaciones fabulosas sin comparación, acaso en la complicidad con uno de sus amigos. Fue colega de Howard Phillips Lovecraft, a quien le compartió sus escritos y a su vez, incorporó a sus narraciones elementos del universo de horror que empezaban a cobrar la forma de Cthulhu, años antes de que Lovecraft se volviera el icono de un género literario.

No había llegado a los 30 años cuando se le anunció la próxima muerte de su madre, una mujer de edad avanzada y se quitó la vida con el disparo de una escopeta en la boca. Gracias a la pronta conclusión de su trayectoria, una de las características de Conan era un comienzo en la aventura desde la adolescencia hasta mucho después de los 45 años, cuando asume la corona de Aquilonia. Traducido en trabajo, porque además no se escribieron en secuencia cronológica.

L. Sprague de Camp, escritor y editor aficionado a las primeras publicaciones, decidió estructurar la línea de tiempo de las aventuras, así como incorporar a autores interesados en llenar las lagunas. Gracias a su trabajo, Conan es conocido como hoy se le recuerda.

Al final de los años 70, después de varios descalabros en el mundo del cine, un muy joven Arnold Schwarzenegger participó en la primera adaptación del personaje al cine, más de 40 años después de su concepción. De esa cinta, en la que colaboró James Earl Jones, quien apenas percibía los ingresos y el reconocimiento de su voz en calidad de Darth Vader, se deriva el arreglo de Philipp Pelster, en recuerdo de una aventura que hoy se antoja memorable.

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