A poco más de dos meses de que concluyan los periodos constitucionales de los ayuntamientos hidalguenses, la conformación de concejos municipales es prácticamente un hecho. Tradicionalmente los comicios para elegir alcaldías eran los más concurridos. En 2016, más de 2 millones de electores fueron convocados para renovar los 84 ayuntamientos, ese año el porcentaje de participación fue de 39.56 por ciento de acuerdo con el Programa de resultados electorales preliminares (PREP). Para que unas elecciones sean verdaderamente democráticas, no basta con que se lleven a cabo de manera regular, que concurra el pluralismo partidista, tampoco que la ciudadanía ejerza su voto libre. Es necesario, además, que haya acuerdos de competencia equitativa. ¿De qué va? Las elecciones que originalmente estaban programadas para el 7 de junio fueron suspendidas por la pandemia del coronavirus, emergencia aún incontrolable. En recientes días el consejero presidente del INE Lorenzo Córdova abrió la posibilidad de celebrar votaciones este año, de lo contrario los municipios entrarían en un escenario de ingobernabilidad. Hasta ayer, Hidalgo registraba 3 mil 977 casos positivos, 679 defunciones y 362 sospechosos del nuevo coronavirus. Con la enfermedad en estado fulgurante, la intención de Córdova se antoja simplemente imposible. Por otra parte, en el Congreso del estado parece que la fuerza morenista prepara lo que en el papel sería lo más razonable, la conformación de concejos municipales. La próxima semana, el Legislativo trabajará la convocatoria para la integración de esos órganos que suplirán a las actuales autoridades locales a partir del 5 de septiembre, confirmó el diputado Ricardo Baptista. Con la aplanadora lista, Morena refrenda su postura y advierte que no aceptarán las elecciones hasta que Hidalgo esté en semáforo epidemiológico verde, escenario que a decir verdad se observa con catalejos. En caso de que el INE logre su cometido y los comicios se celebren en agosto o septiembre con el semáforo en rojo o anaranjado, se anticipan varios riesgos, sanitarios y democráticos. Hablamos de que la participación ciudadana será escasa, ¿cuántas casillas dejarán de instalarse por la oposición de una población temerosa al contagio? En consecuencia el sesgo en los resultados será apabullante. ¿Cuántos nuevos enfermos resultarán después de la jornada electoral? ¿Cuántos funcionarios de casilla dimitirán? Nunca antes la fiesta de la democracia había sido tan complicada. De filón. Ayer un comando asesinó a 24 personas en un centro de rehabilitación en Irapuato, Guanajuato, una entidad económicamente pujante que hoy lamentablemente se hunde en charcos de sangre.

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