Ahhhhhh la pubertad… ese bello y precioso periodo donde las hormonas están a flor de piel, donde pensamos que podemos comernos el mundo en un solo bocado mientras nuestros cuerpos comienzan a irradiar ese calor que nos lleva a la madurez… Y dentro de esas tiernas y apasionantes memorias en ocasiones apareció, como si se tratara de aura mística o de un espíritu chocarrero, un sujeto que con sus ideas y su visión, nos arropó en su mundo, un mundo lleno de estilo, de exuberancia y excentricidad que, como todo en este planeta, no está exento de sus críticas, sus malos ratos y sus perversiones…
Lo recuerdo bien, tenía unos 13 años cuando mi padre, al estilo del papá de Jim en el filme American pie, apareció en mi cuarto con un par de ejemplares de Playboy, sí, la famosa revista del conejito ideada por Hugh Hefner. Ya no recuerdo a las modelos de portada ni mucho menos el contenido; lo que sí tengo presente es la vergüenza e incomodidad de un momento patrocinado por a) un padre haciendo su mejor intento por enseñar educación sexual a su hijo y b) una enseñanza todavía tradicional en la escuela y la sociedad que prefiere culpabilizarte de tu cuerpo antes que hacerte consciente de lo bello que es.
Ya en la prepa y con las hormonas explotando en cada poro tuve más experiencias con Playboy. Y es que no faltan los amigos y conocidos que llevan esta revista a la prepa y la exhiben como si fuera un trofeo, el auto prestado por mamá o papá o la mejor consola de videojuegos. Aún recuerdo a mis amigos el Gordo y Charmín apostar unas cuantas en duelos de Yu-Gi-Oh, como si el mundo se acabara por no ver la figura de Fabiola Campomanes o qué tal mi compadre Moisés, quien ignoró la advertencia de “solo para mayores de edad” a fin de adquirir el número con portada de Brooke Burke, la famosa conductora del canal E!
Así, fue en este grato periodo llamado pubertad donde tuve mi experiencia completa con Playboy. Y es que gracias a ella tuve mi primer acercamiento con las mujeres, con mi sexualidad y mi propia erotización, como la mayoría de los adolescentes. Pero también tuve mis primeros acercamientos con la política, las artes, los deportes, el estilo de vida, las situaciones que se viven en diferentes partes del mundo, y sí, con el periodismo en un nivel que solo pocas publicaciones dominan.
Hoy, con más años encima, vuelvo a hojear una Playboy tras enterarme de la muerte de Hugh Hefner, su fundador; visionario para unos, tirano para otros. No sé si sea buena idea juzgar a esta persona con las reglas de nuestra época, lo que sí es que su legado forma parte, sin duda, de nuestra cultura pop y de nuestras vidas. Paso las páginas y noto que sigue siendo la misma revista de mi adolescencia. Sin embargo, el que ha cambiado soy yo. Ya no veo mi cuerpo con la vergüenza de aquellos días; ya no veo a la política, las artes o los deportes como algo lejano a mí… pero sobre todo, estoy cada vez más consciente de que las mujeres y los hombres somos más que objetos, más que imágenes, más que representaciones para el disfrute de alguien: somos humanos.
Descansa en paz Hef; debemos reconocer que, para bien o para mal, nos mostraste con tu singular perspectiva “el placer de vivir”.

@Lucasvselmundo
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Licenciado en ciencias de la comunicación y maestrante en ciencias sociales. Reportero ocasional y columnista vocacional. Ayatola del rock n’ rolla. Amante de la cultura pop, en especial lo que refiere a la música, el cine y los cómics. Si no lo ve o lo lee, entonces lo escucha. Runner amateur, catador profesional de alitas.