Confinamiento o destierro, palabras utilizadas para marginar a un enemigo político; en época de Melchor Ocampo, deshacerse de un personaje con ideas liberales.

José Telésforo Juan Nepomuceno Melchor de la Santísima Trinidad Ocampo Tapia, nacido en Michoacán el 5 de enero de 1814, fue el nombre de quien hoy conocemos como un reformador de la República: Melchor Ocampo.

En el epílogo que escribe Isaac Piña Pérez sobre el “Confinamiento de Melchor Ocampo en Tulancingo” cita: “Las tierras ahora hidalguenses, por dos veces marcaron horas de adversidad de la vida del filósofo de la reforma: Tulancingo lo recibe como desterrado en 1853 y en 1861 Tepeji del Río se convierte en el escenario de su sacrificio”.

El texto inicia con una desgarradora crónica que ocurre en 1851:

“Don Melchor Ocampo recibe en su hacienda de Pomoca, Michoacán, una visita común y corriente: trátase de una mujer angustiada, llorosa, que acude ante quien de antemano sabe tiene la atención pronta y el bolsillo dispuesto para resolver los problemas de sus vecinos.

“–¡Tata, ayúdame! –clama la mujer–; vengo en busca de tu consejo; temprano estuve con el señor cura Dueñas en Maravatío para suplicarle me permitiera enterrar de balde a mi difunto esposo, pero se negó diciéndome que si no tenía dinero, que lo salara y me lo comiera, porque con caridad no daba de comer a los vicarios, al sacristán y al campanero… ¡Ayúdame, tata, mi esposo murió hace tres días y ya apesta!

“Don Melchor frunce el ceño, toma papel de recado y escribe al sacerdote suplicándole, mediante pago de ocho pesos que le remite, proceda a realizar en entierro de segunda.”

Melchor Ocampo tenía ideas que inspiraron a la redacción de la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma, alentó la separación entre Iglesia y Estado, la libertad de cultos, la desamortización de los bienes del clero y la enseñanza laica y obligatoria. Esas ideas las fue cultivando y propagando en su tierra natal, Michoacán, donde llegó a ser gobernador, no sin antes ocupar el cargo de senador de la República por su estado.

Ocampo fue conocido por sus biógrafos como el Filósofo de Pomoca; impulsó el liberalismo mexicano que implicaba la soberanía de cada uno de los estados, el respeto absoluto al pacto federal.

Sus ideales tenían el propósito de trazar un gobierno sustentado en el fortalecimiento de la autonomía municipal, la impartición de la justicia, el incremento a la agricultura y la minería, así como la tipificación de delitos de imprenta y la supresión del diezmo a la Iglesia. Abanderar esos ideales propició que Melchor Ocampo generara acérrimos enemigos del partido conservador.

Ocampo renunció a la gubernatura de su estado el 24 de enero de 1853, lo que provocó que los conservadores se apoderaran del gobierno e iniciara una persecución política en su contra, además de que se estableciera una vigilancia estrecha para él y su familia.

El 26 de abril de ese año una partida militar se apersonó en su domicilio, ubicado en la hacienda de Pomoca, y le entregó una orden del supremo gobierno donde terminantemente se le confinó a Tulancingo, que para esos momentos pertenecía al Estado de México. Ocampo, para no provocar angustias en su familia, manifestó a los suyos que iría a un viaje de negocios, cuando en realidad fue desterrado de su patria chica.

Isaac Piña Pérez cita que existen pocos antecedentes históricos de la presencia de Ocampo en Tulancingo, sin embargo, hace una descripción de ese lugar con antecedentes prehispánicos de la zona arqueológica de Huapalcalco y la ermita del Barrio de Zapotlán, que más tarde se convertiría en la iglesia dedicada a San Juan Bautista, bajo la administración de los frailes franciscanos de Texcoco.

También destaca la presencia de don Nicolás Bravo, quien participó en el desfile en la Ciudad de México al consumarse la Independencia; la visita de la marquesa de Calderón de la Barca, en mayo de 1840; asimismo, el arribo a Tulancingo del ilustre sacerdote Nicolás García de San Vicente en 1825.

Volviendo a Melchor Ocampo en Tulancingo, Piña Pérez indica algunas fuentes que esclarecen su presencia, como informes escritos por Ocampo que recibió el licenciado Jesús Barranco, originario de Tulancingo; la correspondencia con el médico José María Manzo y Santos Degollado; y un artículo que escribió Ocampo en Tulancingo para el periódico La Ilustración Mexicana, de la Ciudad de México.

Se ignora el día en que Ocampo llegó a Tulancingo, pero Piña Pérez deduce que ocurrió entre fines de abril y principios de mayo. Se supone que se hospedó en el domicilio de la señorita Francisca García; lamentablemente la construcción fue destruida posteriormente.

También es de importancia la asistencia de Ocampo a una tertulia convocada por el juez de primera instancia de Tulancingo, y la amistad que el propio Ocampo mantuvo con los escasos liberales que vivían en Tulancingo, como lo fue don Manuel Fernando Soto, uno de los confidentes de sus ideales reformistas.

A don Melchor Ocampo le preocupó vivir en el destierro y alejado de su familia, así como la información que le llegaba sobre el abandono de su hacienda en Pomoca, Michoacán.

Se sabe que el 6 de junio de 1853, por decreto de Santa Ana, se ordenó que Ocampo fuera encarcelado en San Juan de Ulúa, dándole la opción de permitirle su salida a Estados Unidos; Melchor Ocampo rechazó el ofrecimiento, prefiriendo permanecer en un calabozo del castillo de San Juan de Ulúa.

La investigación de Isaac Piña Pérez invita a seguir explorando la presencia en Tulancingo de Melchor Ocampo, liberal con un ideario reformista, lleno de temperamento revolucionario, al que Juárez siempre reconoció y la historia lo tendrá presente.

Ese texto lo podrá consultar íntegramente en el libro Isaac Piña Pérez. Obras (in)completas, editado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), el cual puede adquirirse en la librería Carácter de la Ciudad del Conocimiento. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

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