El 27 de octubre se conmemoró el Día Internacional del Patrimonio Audiovisual, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas desde 2005, con el objetivo de incentivar la salvaguarda, conservación y difusión de este tipo de archivos que, como los fotográficos, son parte de la memoria del mundo. A partir de ello, estimados lectores, les pregunto: ¿Conocen las instituciones que resguardan el patrimonio visual o audiovisual de su ciudad? ¿Tienen idea de qué es lo que se resguarda en los archivos nacionales más o menos conocidos, como puede ser el Archivo General de la Nación o la Hemeroteca Nacional? ¿Sabían que hay una Ley General de Archivos? ¿Tienen idea de quiénes pueden consultar los documentos (fotográficos, sonoros, audiovisuales) que son considerados como patrimonio cultural del país?

En esta ocasión voy a comentar el caso del Museo Archivo de la Fotografía (MAF), que pertenece a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. El MAF es una de esas instituciones “raras” que nacieron por la necesidad de resguardar el patrimonio fotográfico que se había producido por décadas en las diferentes administraciones del Distrito Federal. Y digo raras porque es un caso sui generis; como su nombre lo indica, es archivo y museo. Esta doble naturaleza le ha dado problemas a más de uno a la hora de ubicarlo, pero también, gracias a ello, ha tenido ventajas únicas. El MAF fue inaugurado por Alejandro Encinas, entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, en diciembre de 2006. No obstante, comenzó a operar, luego de muchos problemas técnicos, a partir de 2007. Este recinto no hubiera podido ver la luz sin la insistencia y la tenacidad de varias personas que conocían de la existencia de los materiales que ahora lo componen. Pero un actor fundamental fue Arturo García Campos. Arturo, investigador y fotógrafo, fue su primer director y quien mudó (literalmente) las cajas de negativos y positivos desde el Archivo Histórico de la Ciudad de México al nuevo recinto.

Otro de los artífices de este proyecto fue el doctor Carlos Ruiz Abreu, actual director del Archivo General de la Nación. No obstante, Arturo, (y su pequeño pero entusiasta equipo de colaboradores) fue dando las batallas necesarias para que este espacio se consolidara y ejecutara su misión por la que fue creado: desarrollar acciones de conservación, catalogación, investigación, reproducción y difusión de los archivos fotográficos. La sede no podía ser mejor, el MAF se encuentra en el edificio conocido como La Casa de las Ajaracas, el cual formó parte de la Casa del Mayorazgo de Nava Chávez. Ese predio se volvió famoso a finales de 2006, por el descubrimiento del impresionante monolito que representa a la diosa/dios Tlaltecuhtli (señora/señor de la tierra). Para ubicarnos geográficamente, está entre las calles de República de Guatemala y República de Argentina; a un costado del Templo Mayor y atrás de la Catedral.

El acervo del MAF

El MAF resguarda poco más de 2 millones de imágenes, que se conforman por cuatro fondos: A) Dirección general de comunicación social (compuesto por 2 millones de piezas); B) Fototeca del Archivo Histórico de la Ciudad de México; C) Fideicomiso del Centro Histórico; D) Museo de la Ciudad de México. En cuanto a los soportes físicos que se resguardan están: negativos de placas de vidrio, acetato de celulosa, poliéster, nitrato de celulosa y positivos en papeles fotográficos de diferentes características. En cuanto a la temporalidad de los documentos, van de 1928 hasta el año 2006, con excepciones maravillosas como la fotografía titulada “Policía municipal en traje de Gala”, de 1903, y un álbum de 1905 titulado Parques y jardines, que mandó hacer el entonces presidente Porfirio Díaz, como evidencia visual del avance de las obras públicas que su gobierno hacía en este sentido.

Algunos de los investigadores que se han acercado al MAF afirman que el acervo es una suerte de “mirada de la ciudad desde el poder” o “la imagen gubernamental de la ciudad”. Para Lalo Ancira, investigador del MAF, “son imágenes de obra pública, apertura de calles y grandes construcciones”. Sinceramente difiero de todo ello, pues el discurso visual de este archivo, que abarca más de 100 años de memoria fotográfica de la Ciudad de México, no es homogéneo, no fue realizado por un solo autor y, por la diversidad de sus fondos, nos habla más bien de la constante transformación urbana, social y política de la gran ciudad. Hace poco, en una entrevista que le hicimos a Lourdes Roca, coordinadora del laboratorio audiovisual de investigación social del Instituto Mora, afirmó que si bien son imágenes generadas por diversos fotógrafos que trabajaron para el departamento de comunicación social, cada uno de ellos tenía un bagaje cultural único; una forma de ver el mundo y de concebir lo que estaba pasando frente a sus ojos. En otras palabras, no es “la cámara de los gobiernos de la ciudad” puesta frente a los acontecimientos, sino la mirada particular de los trabajadores de la lente (en muchos casos ni siquiera se formaron como fotógrafos) que cubrían la agenda pública de aquellos gobiernos.

La fotografía no es el espejo de lo real ni la mímesis del mundo, diría el teórico Philippe Dubois (2015); la imagen fotográfica es, ante todo, “una representación a partir de lo real según la mirada y la ideología de su autor”, afirma Boris Kossoy (2014). Es cierto que quien se acerque a consultar el acervo del MAF se va a encontrar con muchas imágenes de construcciones, a pequeña o gran escala, pero también podrá observar escenas cotidianas, eventos culturales, inauguraciones de eventos deportivos internacionales o, incluso, fotografías que se asemejan a los “tipos mexicanos” de finales del siglo XIX y principios de siglo XX, (como las tarjetas postales de Cruces y Campa) tomadas en las alcaldías del sur (Tláhuac, Milpa Alta, Xochimilco), donde se aprecia esa “ruralidad” tan idílica y contrastante con lo que acontecía en el centro de la ciudad. Creo que, en las miradas heterogéneas, diversas, multiculturales, es donde radica su potencialidad y riqueza, pues lo mismo puede ofrecer imágenes de vendedores ambulantes del centro histórico, que marchantes de los mercados de los años de 1930 o retratos de los “francotiradores” detenidos por el Halconazo” el Jueves de Corpus, en 1971.

Sobre la autoría de las imágenes aún hay mucho por investigar, pues durante décadas no se le dio importancia a “quién tomaba la foto”. Se han identificado algunos nombres, a partir de los sobres originales que entregaban los fotógrafos. Entre ellos sobresale Wenceslao Chalao Ramírez, un fotorreportero que trabajó por cinco décadas para el gobierno de la ciudad y que murió a inicios de este año. Habrá que seguir indagando quiénes fueron los hombres y mujeres que apretaron el obturador de su equipo fotográfico y con ello, le dieron vida a la memoria de la ciudad, plasmando su bagaje, sus miedos, repulsiones o fantasías.

El acervo del MAF es de libre acceso, pero, ahora con la pandemia está atendiendo las consultas de los usuarios vía correo electrónico. El correo es: [email protected] El MAF, en tanto espacio museístico, sí se encuentra abierto. Ya platicaremos en otra ocasión de esta segunda naturaleza. Actualmente se exhibe la exposición La gente del viaje: gitanos sin fronteras del fotógrafo Lorenzo Armendáriz. Cuando vayan al centro histórico de la Ciudad de México, conozcan este híbrido espacio. Estamos ubicados en el número 34 de la Calle de Guatemala, en el corazón del antiguo Tenochtitlán. El acceso es gratuito, con horarios de martes a domingo de 10 a 17 horas.

En las redes sociales estamos como @mafmuseo en Facebook e Instagram y @mafcultura en Twitter. En Youtube nos encuentran como Museo Archivo de la Fotografía. Allí podrán visualizar más de 20 videos: conversatorios con fotógrafos, investigadores y especialistas de la conservación y el patrimonio fotográfico. De igual forma, pueden ver un fragmento de nuestras imágenes en la nueva plataforma Memórica, que forma parte del proyecto de difusión de los acervos del país, Memoria Histórica y Cultural de México: memoriamexico.gob.mx.

Yo creo que muchos de nosotros tenemos una relación con algún lugar o temática de la Ciudad de México. Quizá nuestros abuelitos eran de allá, o viceversa, nuestras raíces son de otros estados, pero vivimos en esta ciudad-monstruo. Como sea, que el gusanito de la curiosidad histórica (y visual) se apodere de ustedes y conozcan este acervo. Consulten el archivo del MAF que es, en su mayor parte, inédito, pues aún hay muchos rollos de negativos de 35 milímetros por trabajar. No se necesita tener una credencial de investigador o de estudiante. Cualquier persona, de la ciudad de México y del interior del país, puede hacerlo. También los extranjeros. Actualmente se tiene digitalizado el 0.8 por ciento del total de la colección, pues hace falta personal e infraestructura tecnológica. Este trabajo va lento, pero seguro. Cada fotografía que se publica en las “efemérides” del Facebook lleva un proceso complejo en el que se involucran muchas personas.

Las fotografías vivas y los muertos

Espero que estén pasando un feliz Día de Muertos, en compañía de sus seres queridos. No olviden poner en su ofrenda algunas fotografías (lo ideal sería usar copias de sus originales para que no corran peligro), pues es una forma de hacer memoria y de traer al presente a quienes ya no están. Según Joan Fontcuberta y otros estudiosos de la imagen, las fotografías, en muchas culturas, toman el lugar de las personas que no están, es decir, son un sustituto de su presencia. La foto se respeta, valora e interactúa como si de una persona real se tratara.

Esto me tocó presenciarlo en la comunidad otomí San Pablito, en la cual hice una investigación con el archivo fotográfico de una fotógrafa de origen danés. Para muchos abuelitos y abuelitas las fotos donde aparecían sus antepasados tenían un peso más allá de lo visual. Este rasgo de animismo (tomo el concepto de Philippe Descola) también está presente en muchas de nuestras prácticas culturales occidentales. Por ejemplo, las fotografías que se usan como “amuletos protectores” y a las que dotamos de unos poderes “sobre naturales”. Un ejercicio que Fontcuberta comentó hace poco, es el de romper un retrato impreso de cierta persona ante sus ojos. Las reacciones de “los afectados” iban desde la sorpresa hasta la ira. Nadie quedó indiferente. El autor catalán afirma que el ejercicio explica que una fotografía no es solo una representación visual, sino una transferencia de “mi ser” a ese soporte. Por ello, al romperlo, la gente sentía que estaban rompiendo o afectando una parte de su ser (de su alma). Por si acaso lo hacen, no rompan ninguna foto original, por favor.

Noticias y felicitaciones

Para nuestros amigos hidalguenses: tienen a una de las instituciones más importantes, a nivel nacional, en cuanto a patrimonio fotográfico se trata, nos referimos a la Fototeca Nacional, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, ubicada en el hermoso exconvento de San Francisco, muy cerquita del Reloj. Desde aquí, les mando una felicitación a todo el personal que conforma esta institución y a su director Juan Carlos Valdez. La Fototeca está por cumplir 45 años. La semana pasada se llevó a cabo, de manera virtual, el 21 Encuentro Nacional de Fototecas. En esta ocasión se entregó la medalla al Mérito Fotográfico a los fotógrafos Patricia Aridjis y Gabriel Figueroa Flores, a quienes también felicitamos por su destacada labor y constancia.

Por cierto, este año Patricia Aridjis participaría con una instalación en el MAF, pero la pandemia hizo de las suyas… Ya será para el 2021 que contemos con el trabajo de Patricia. No es la primera vez que expone en el MAF; hace tres años participó en una muestra colectiva.

Es probable que la pandemia se aplace algunos meses más. Por favor cuídense mucho, no salgan ni se expongan que el rebrote está con todo su poder. Sigamos haciendo memoria desde casa, revisando nuestros propios archivos y consultando los que estén disponibles en la red. Hasta la próxima semana.

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