Gio Tezcatlipoca

Hola [email protected] lector, si tú eres de las pocas personas que se sienten cansadas del éxito, si estás [email protected] de tus calificaciones inmejorables, de las constantes promociones en el trabajo, de la armonía familiar, de tu relación de pareja perfecta, de tu insoportable carisma para caerle bien a todos y que sin importar lo que hagas y cuanto lo intentes, todo y absolutamente todo te sale bien, entonces esto es para ti, pues seamos sinceros, incluso la felicidad cansa.

Todo en exceso es malo, incluso el triunfo; en el peor de los casos esto se puede convertir en una tortura. Sin más preámbulo, demos inicio con este cambio y así alcanzar esa inestabilidad emocional que tanto quieres. Primero, hay que entender que como cualquier reacondicionamiento mental/social –así como funciona en la religión y en la medicina homeopática– tienes que creer y hacer un cambio radical de actitud, y aferrarte a él como único dogma válido en tu existencia.

Para materializar el fracaso anhelado son necesarios dos agentes; el primero de ellos, la insatisfacción, este sentimiento tiene que ser adoptado y asimilado en tu día a día, ya que a través de él podrás expandir tu realidad y abrir tus ojos a un sinfín de obstáculos que te impedirán disfrutar de cualquier logro obtenido. Pongamos un ejemplo práctico: imagina que recibes un nuevo ascenso, algo para estar contentos ¿no?, ¡pues no! ¿Qué implica esta promoción? Tal vez más dinero, ¿pero a costa de qué? Menos tiempo, responsabilidades, un mayor desgaste físico y mental, ¿y para qué? ¿Para llegar a ser presidente de la compañía? Igual nunca vas a hacer el patrón, y en cuanto llegue alguien más joven y capaz, simplemente serás desechado.

Deja que pensamientos de ese tipo se extiendan a todos los ámbitos de tu vida, así todo triunfo se dejará de sentir como tal. Ahora es momento de llevar a cabo el siguiente paso, este es de gran importancia, pues de él dependerá hundirse en un bucle de menosprecio y miseria que te ayudarán a fracasar en todo. “¡Ya dinos cuál es el siguiente!” Me estarán diciendo ustedes, y yo les diré: “Tranquilos, no desesperen”, y ustedes dirán: “¡Pues ya!”, y yo diré: “Ahí voy, no presionen”. Pues lo que hemos de hacer es trabajar nuestra inseguridad, ¿pero qué es la inseguridad? Es solo una de las muchas formas del miedo.

Hagamos un ejemplo más: tomemos tu relación utópica, esa mujer u hombre insuperable a quien amas, pero ¿qué tal que tú no eres tan ideal? ¿Qué tal que él o ella no es tan feliz? ¿Por qué ya no quiere pasar tiempo contigo? Ignora el hecho de que tiene una vida además de ti, deja fuera el raciocinio y siente como el temor se apodera de ti al grado que haga deteriorar la relación, y al igual que con la insatisfacción, permite que la inseguridad se apropie de cada recoveco de tu ser.

Ahora verás cómo tu deterioro mental formará una bola de nieve que paulatinamente irá afectando todo y a todos los que te rodean.

Felicidades, te has convertido en una persona tan negativa y tóxica que nadie en 10 metros a tu alrededor querrá acercarse a ti, experimenta y disfruta como es que tu patética existencia se va pudriendo, llegando a que el despertar se vuelva una proeza casi imposible, ahora iniciar algo es demasiado pesado como para poder llevarlo a cabo, incluso seguir en pie. Ya te has realizado y en este punto tus opciones son limitadas: buscar ayuda con un terapeuta de tres pesos, entregarte a las mieles de alguna secta religiosa, esquema piramidal o coaching motivacional, drogas y/o alcohol y en el mejor de los casos, con la valentía –o cobardía– y la suerte necesaria… el suicidio.

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