La población radicada en Hidalgo, presenta menor reducción en su movilidad por compras o entretenimiento, esto según el dato dado en el reporte diario sobre coronavirus (Covid-19) de la Secretaria de Salud. El 16 de abril fue presentada una gráfica que comparaba el comportamiento de la población con respecto a la recomendación “quédate en casa”, fueron los bajacalifornianos del sur quienes en mayor medida asumieron la recomendación, mientras que hidalguenses tuvieron un comportamiento casi normal porque continuaron desplazándose para realizar compras o buscar entretenimiento. Ese reporte de movilidad nos colocó como la entidad cuya población se negó a quedarse en casa.

Ese hecho pude constatarlo cuando por razones de abastecimiento salí y miré calles llenas, negocios abiertos y gente transitando por las banquetas. Entiendo que el cumplimiento cabal de quedarse en casa, es privilegio de unos cuantos, también justifico la actividad no esencial de personas en la calle por que se debe a la urgencia de llevar el pan y las tortillas a sus hogares, lo que me asombra es el “aparente” desinterés de los transeúntes de todas las edades por adoptar medidas de protección ante la emergencia sanitaria. Digo aparente porque al mismo tiempo escucho reiteradamente la expresión: “primero Dios nada nos pasará”.

Por otra parte, leo que algunas comunidades indígenas de la región Otomí-Tepehua y la Huasteca hidalguense están cerrando el ingreso a cualquier persona ajena a la comunidad, esto como medida de protección ante la expansión del contagio del coronavirus. Ahí enfrentan otras enfermedades propias de la temporada de altas temperaturas, pero con la diferencia de ser enfermedades ya conocidas y sabidas para su atención. Pero el Covid-19, las obliga a cerrar sus comunidades porque saben sus condiciones sociales y recursos medicinales no les alcanzan para salvar la vida, especialmente de personas ancianas y niños; saberse vulnerables los mueve a realizar lo necesario para salvaguardar el bien común por encima del interés individual.

En el imaginario colectivo prevalece en que las comunidades indígenas organizan y dirigen sus acciones según usos y costumbres, el cierre de acceso a sus comunidades es una acción que no es propia de sus costumbres, sino de una acción racional de protección ante la emergencia de salud, estoy segura que también se encomiendan a los santos y patronos de sus pueblos, pero saben que la voluntad divina requiere de acciones humanas. En contraparte, el proceder de residentes urbanos y no urbanos que asumen el consentimiento divino como su principal estrategia de protección, deduzco que su proceder se inspira en los usos y costumbres de los mandatos religiosos y de otros educadores culturales y emocionales como los programas de entretenimiento de la televisión abierta mexicana, estos enseñan que la creencia y la emoción quedan por encima de la razón.

Me parece que el gobierno federal a través de las instancias y funcionarios respectivos han hecho un esfuerzo extraordinario para comunicarnos información basada en la evidencia y evaluación científica, también nos han ofrecido una plataforma cuyo ingreso es abierto y sencillo para todos y todas las personas que desean informarse de primera mano. Sin embargo, cuando un sector de la población cuyas condiciones sociales y materiales les permiten quedarse en casa y cuidarse ante la emergencia sanitaria, pero optan por transitar en los espacios públicos al tiempo que se encomiendan a la voluntad divina, nos recuerda que la colonización iniciada en el siglo XVI prevalece en nuestro sistema de creencias y acciones, pues suponer que la entidad divina protege la pasividad humana ante la enfermedad o desgracia, es una idea de inspiración religiosa cristiana.

Ante el coronavirus, los usos y costumbres no son propios de comunidades indígenas, sino de personas que renuncian a la responsabilidad de sí mismos y de los seres que los rodean para dejar que la voluntad celestial los cubra con su manto antiséptico, pienso que esa certeza motiva que personas sigan transitando por el espacio público a pesar de que sus condiciones laborales, sociales y económicas les posibilita quedarse en casa.

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