Las y los habitantes de Pachuca observan cómo su calidad de vida se ha deteriorado desde hace algunos años. No es un fenómeno que haya surgido de la noche a la mañana. Esto es consecuencia de políticas erróneas y el olvido o desatención de otras más. La expansión de la mancha urbana, que se ha desbordado casi sin control, ha provocado que los servicios se encarezcan, de modo que los municipios que conforman el área metropolitana de la capital hoy se encuentren rebasados por la demanda. La irregular recolección de basura, la creciente inseguridad y el deterioro de la infraestructura urbana son solo algunos síntomas de políticas erráticas de las últimas administraciones municipales. Hoy las y los pachuqueños viven las consecuencias: las muestras de hartazgo, por ejemplo, respecto a la inseguridad, son cada vez más escandalosas. Hoy los letreros que advierten al eventual delincuente sobre la posibilidad de ser linchado en caso de ser descubierto ya son parte del paisaje común de las colonias pachuqueñas. Hoy las y los capitalinos tienen miedo hasta de salir a su propia colonia. Esto se refleja en los datos que arrojó la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, que en su publicación de septiembre informó que 44.6 por ciento de las y los ciudadanos consultados prefirió evitar caminar por los alrededores de su casa durante la noche. Además, encuestas aplicadas este mismo año mostraron que, por ejemplo, 47.6 por ciento de las y los pachuqueños evitaba llevar consigo cosas de valor por inseguridad y que 39.4 por ciento prefería evitar que los menores de edad bajo su tutela salieran de su casa como medida de precaución. Todo esto puede resumirse en una palabra: miedo. Las calles de Pachuca, según esta encuesta, se han vuelto un lugar peligroso. Incluso dentro de nuestro propio vecindario. De filón. Ah, pero por si faltaba más, los pachuqueños tienen que lidiar con 90 mil baches distribuidos en 45 colonias de la capital. No solo es el miedo de salir, sino que los capitalinos tienen que estar en alerta permanente so riesgo de caer en uno de los miles de hoyos que mantienen a sus calles como en el siglo XIX, antes de la llegada del asfalto.

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