Josué Ledesma*

Hace unos días decidí, al final del último curso de licenciatura que tuve la oportunidad de impartir, tomarle la palabra a Perrenoud y reflexionar sobre mi práctica educativa, sobre qué tanto me ocupa la diversidad en los grupos con los que comparto herramientas, técnicas, teorías, textos, artículos (mis alumnas/os dirían que leyeron bastantes de los últimos). Recordé las Diez nuevas competencias docentes para enseñar (Perrenoud, 2004) y el Informe McKinsey o Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar sus objetivos (Barber, 2008). Esos textos son una suerte de guía, tanto para quienes ejercemos la docencia como para quien estudia las diferentes figuras educativas desde otras disciplinas o ciencias; plantean la semilla de la duda y ofrecen una postura crítica frente al fenómeno educativo. Pero hacía falta algo, las palabras de otro docente, de alguien con un expertis distinto que le diera luz a mis cuestionamientos, alguien con quien conversar, cosa que implica un gran reto ya que en nuestro país es bien sabido que: 1. La comunidad de educadoras/es cuenta con muy poco tiempo libre y muchas veces ese tiempo se dedica a cubrir los pendientes laborales y 2. Es difícil que nos atrevamos a compartir, en general y de manera abierta, aquellas estrategias que nos funcionan, ¿por qué esto último? Me parece que vivimos en una cultura del miedo, miedo a perder nuestro empleo, miedo a fallar, miedo a ser juzgados, miedo a nuestros superiores, miedo a la comunidad estudiantil, miedo a no lograr los objetivos/aprendizajes en los alumnos y a los retos que significan. Este segundo punto lo asimilo como parte del proceso formativo en docentes noveles, cuya práctica se ajusta a lo que dicta la teoría o las pautas que ofrece el clima escolar, sin embargo, la incertidumbre se convierte con el tiempo en una de las herramientas más útiles de nuestro quehacer.

Entonces llega a mis manos Construir personæ: Cómo llevar el constructivismo real a las nuevas generaciones (Elementum, 2018), de Alfonso Pescador, que contiene lo que todo docente quisiera tener: un par de oídos y un camino recorrido, una ventana abierta al quehacer de otro docente. Aquí, Fisher, como le nombró un caballero con armadura de juguete, nos cuenta su travesía por el universo de la educación, desde sus pasos en los primeros años de los que dice “debo reconocer, fue de manera accidental. Como muchos maestros, al principio necesitaba una forma de ganarme la vida… comencé la práctica docente sin más experiencia que aquella de la imitación de los maestros que tuve en salones de clase en mi época escolar”. Que confesión tan íntima, pocas personas hacen eso y muy pocas lo publican, eso me atrapó, me sentí identificado y apenas estaba en la primera página. El resto es un viaje enriquecedor por 12 casos seleccionados por el autor que me permitieron conocer las estrategias que se fueron tejiendo frente al reto de comprender a otra persona, una más joven, una niña o un niño, una Claudia, un Emiliano, para ofrecer el acompañamiento justo hacia la aprehensión de conocimiento, siempre acompañados de la reflexión, del diálogo interno en una persona que construye su labor a través de la postura de quien sabe que la capacidad de asombro es una de las cartas fuertes en este sendero.

Alfonso Pescador propone el constructivismo real como un modelo que se sostiene en 12 principios muy claros que atraviesan el contexto educativo en su amplitud, desde la planeación hasta la integración de las inteligencias múltiples, roles y la curaduría del espacio áulico como escenario del aprendizaje, y “tiene por objetivo invitar a observar el proceso de enseñanza-aprendizaje desde una visión centrada en cada uno de los individuos, cuya formación está parcial o totalmente en nuestras manos”.

Agradezco y celebro la publicación de libros que dialoguen con las necesidades contextuales en uno de los ejes más importantes para cualquier nación. Ya lo dice Oppenheimer en Basta de historias! (2012) “los países latinoamericanos están demasiado inmersos en una constante revisión de su historia, que los distrae de lo que debería ser su principal prioridad: mejorar sus sistemas educativos” (pág. 10); en este sentido, Construir personæ es un faro hacia la innovación y una mirada a lo que significa formar individuos.

Ahora el libro ocupa su lugar en mi biblioteca personal, junto a Piaget, Vigotsky, Ausubel, Gardner, Freire, Makarenko y otros grandes entusiastas del fenómeno educativo. Les invito a adquirirlo en Radio Express Jardín Colón, librería Elementum y otros sitios que tienen la dicha de ponerlo a disposición de personas ávidas por acompañar el proceso de, como diría Carl Rogers, convertirse en persona.

Referencias bibliográficas

Barber, M, & Mourshed, M (2007). Cómo hicieron los sistemas educativos con mayor desempeño para alcanzar sus objetivos [Informe McKinsey]. Santiago de Chile, McKinsey & Co, Cinde.

Oppenheimer, A (2012). ¡Basta de historias!: La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro. Vintage Español.

Perrenoud, P (2004). Diez nuevas competencias para enseñar. Barcelona: Gráo.

*Nació en 1987. Es psicólogo, docente y escritor. Ha publicado Cenicero (Malavida Editorial, 2017). Sus colaboraciones literarias pueden ser encontradas en la revista Los Bastardos de la Uva (abril, 2013); la compilación de poesía Señales para quien está de paso (Malavida Editorial, 2017); “Maldito Vicio” del diario Libre por convicción Independiente de Hidalgo; en la revista electrónica Casa Rosa: Hospedaje Cultural y Círculo de Poesía (agosto, 2018). Además, es fundador de Circuito: Intervención y Arte, así como becario de Interfaz ISSSTE | Atemporalidades, anacronismos y emergencias (junio, 2018). Ha cursado talleres de poesía, creación transdisciplinar, spoken word y creación literaria con Mario Bojórquez, Rocío Cerón, Diego José, Jorge Contreras, Cynthia Franco, Jorge Daniel Cabrera Martínez el Ene, Alfonso Valencia y Danhia Montes. Tomó el diplomado en creación literaria del INBAL en el Centro de las Artes de Hidalgo (2018).

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