Contigo, Chapecoense

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Más que un recuerdo, una despedida o una plegaria, se trata de un homenaje. El 2016 nos ha dado eventos que marcarán la historia para siempre: la mayoría, desafortunadamente, han sido negativos. En nuestro bello deporte, sorpresas como el título del Leicester City, del Querétaro, la histórica actuación de Islandia en la Eurocopa e incluso el regreso de Necaxa que ha tenido una temporada para enmarcar nos han regalado muchas satisfacciones. Por otra parte, eventos como el fatídico 7-0 o el retiro de figuras como Steven Gerrard han impactado profundamente en nuestros corazones. Pero esto, sin duda, no tiene comparación.
Hace ya casi una semana del luto internacional en cuestiones de futbol y periodismo deportivo. El pasado martes amanecimos con la noticia de la mayor tragedia humana que ha azotado al mundo de los deportes en este año: casi todo un equipo brasileño dejó de existir tras un accidente aéreo. ¿Lugar de destino? Medellín, Colombia. ¿Asunto? Disputar la final de la Copa Sudamericana. Sí, esa misma que ganara Pachuca en 2006. Luego de cientos de perspectivas, entrevistas y análisis, todos coinciden en un punto común: conmoción.
Resulta inaudito creer que un grupo de jugadores y cuerpo técnico que festejaban su pase a la última instancia del torneo continental terminasen abordando un avión que perdió el control cinco minutos antes de aterrizar. La conmoción que invadió al equipo rival, el Atlético Nacional, se vio reflejado en la ferviente y honesta solidaridad por parte de todos sus miembros, quienes transformaron su estadio en un santuario de oraciones y muestras de afecto para todos los involucrados en la tragedia.
De igual forma, clubes como Paris Saint-Germain y personalidades como Cristiano Ronaldo han simpatizado con la causa al donar cantidades importantes de dinero al club y prestar servicios humanos. De igual forma, Conmebol ha optado por otorgarle al Chapecoense el título que disputaban a manera de homenaje y con la finalidad de apoyar económicamente a la reestructuración del club. Pero nada de eso será suficiente.
Las historias continúan saliendo a la luz. Desde el jugador que se lesionó y no abordó el avión, pasando por el que sobrevivió y falleció horas después, el que iba a ser padre y al que le amputaron las piernas. Accidentes de esta magnitud deben ser un llamado a las instituciones para procurar siempre la integridad de sus jugadores y empleados. Para el resto, es una invitación a unirnos y enviar nuestros mejores deseos para que, ante todas las cosas y sin importar nada, el balón siga rodando.

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