Filiberto Hernández

Con un desarmador de cruz
Fili muy apurado estaba
destornillando sillas del ayuntamiento
antes que su periodo terminara.

Ahí cargaba en el lomo
hasta el aguinaldo de los regidores
cuando se le apareció la Calaca
para llevárselo de esta orbe.

“Mira Calaquita” propuso Fili
“si pospones mis últimas horas,
te regalo unos cuantos millones
de los que tengo de las constructoras.”

La Huesuda desconfiada
ni una palabra le creyó
y en uno de los tantos baches de Fili
ahí por fin lo enterró.

Yolanda Tellería

Remojando la brocha en azul
la pérgola Yoli pintaba,
cuando un toro malhumorado
sus cuernos hacia ella apuntaba.

“Así que tú eres quien dice
que estamos dispuestos a morir,
pues aunque vayas mucho a la iglesia
ahorita conmigo te vas a ir.”

La alcaldesa esquivó el embiste
salvándose de un buen tajo,
tan ágil como quien sube
los impuestos de la Canaco.

El golpazo le tiró el disfraz
de toro a la Catrina,
“conmigo te vas a casar
aunque esté toda molida.”

Aunque las bodas igualitarias
las consideraba brujería,
la Catrina en el panteón
se casó con Yolanda Tellería.

Francisco Olvera

Por los cielos en helicópetero
se iba Francisco Olvera
dejando la capital hidalguense
convertida en una bachera.

“Abróchense los cinturones”
pidió el piloto en cabina,
que no era otra
más que la mismísima Catrina.

“Ya le llegó la hora exgober
y no crea que vamos al Superbowl,
en este momento me lo llevo
derechito pa´l panteón.”

Para escapar de su suerte
la escotilla Paco abría,
para aventarse al vacío
del aeropuerto o la refinería.

Viendo que era mucho trecho
mejor decidió negociar:
“¿qué tal si aplazas mi deuda
como hizo la universidad?”

Cuando aterrizaron en el panteón
Paco quiso escapar,
pero al bajar con prisas
ahí fue a tropezar.

El exgober cayó a gatas
y la Huesuda se mofó con maña:
“ahora sí que como tú dijiste
así perdió mi hermana.”

Ahí yace en el panteón
un bigote bajo una cruz
con el epitafio grabado:
“muerto por no tomar Tuzobús”.

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