Copa celeste

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pichardo

Reflexionemos un instante sobre la situación actual de Cruz Azul. Hasta hace unos días, la Máquina se había consolidado como un candidato fuerte para levantar alguno de sus trofeos en disputa. Ahora, ya con la malmirada Copa Mx en la vitrina, los dirigidos por Pedro Caixinha continúan su camino hacia un histórico doblete que ponga fin a la sequía en el máximo torneo local.

A propósito de la Noche de Brujas, los fantasmas de las finales pasadas asecharon al estadio BBVA intentando decidir a qué equipo hechizarían. Rayados y cementeros, ambos subcampeones empedernidos, se enfrentaron en un duelo rodeado por el morbo de las ya célebres cruzazuleadas y el fatídico 92:49, cortesía de Víctor Guzmán. Como era imposible que los dos perdieran, ocurrió una disparidad que acentuaría la victoria del visitante: nada le salió a Monterrey en un partido en que el cielo se pintó celeste.

La victoria de los capitalinos era previsible. Si bien los de Diego Alonso han equilibrado la aparición de sus figuras con el protagonismo de jóvenes canteranos, las lesiones de hombres clave fueron factor en momentos puntuales. Por el contrario, el entrenador portugués rigió su plantilla de manera democrática, depositando su confianza total en gente importante como el portero Guillermo Allison.

El día de hoy, Cruz Azul visita el estadio Olímpico Universitario con la intención de mantener la inercia positiva rumbo a la conquista de la Liga doméstica. Mirando en retrospectiva, la situación se asemeja a la vivida por el equipo de la cooperativa en 2013, cuando levantaron la cuarta Copa Mx en su haber, pero cayeron en la final del Torneo Apertura frente al América. ¿Podrá repetirse la historia?

Dependerá bastante de la inteligencia emocional de los jugadores. Corona, Allison, Flores y Domínguez son los únicos cuatro hombres que sufrieron la pesadilla de ver a Moisés Muñoz anotar de cabeza en el descuento. El desplome mental frente a la hazaña americanista fue inminente y se reflejó en la tanda de penales que le dio la victoria a los de Coapa.

Ahora, con una plantilla ligeramente más variada y con un estilo de juego más dinámico que el de los entonces dirigidos por Guillermo Vázquez, los hinchas de la Máquina tienen herramientas para soñar con el doblete. El encantamiento que los tiene confinados al segundo puesto liguero podría romperse con los argumentos futbolísticos con los que se ganó la Copa. Y todo en la primera temporada de vuelta en el Coloso de Santa Úrsula.

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