Si no era suficiente la presencia exacerbada en las calles, por demás inútil, de la Policía, federales, granaderos, gendarmería, tránsito, guachos, tiras, azules y demás parafernalia usada para intimidar a la población, ahora contamos también con el denominado operativo Mochila segura en las escuelas. Un operativo que, lejos de solucionar la violencia que se ha instalado en la vida de la población, solo confirma la ineficiencia de los programas de prevención del delito, de las instituciones policiacas en la materia y el absoluto fracaso de instituciones defensoras de los derechos humanos.
A raíz de una balacera en una escuela privada de Monterrey a manos de un estudiante desequilibrado, otra víctima de la descomposición moral, ética y espiritual de la sociedad, se implementa esta farsa de operativo que, al igual que las “revisiones de rutina”, no solo es violatoria de la Constitución, del principio de presunción de inocencia, de la privacidad, de los derechos humanos y de los derechos de niñas y niños, sino que además los criminaliza.
Este es el resultado del consumo irracional de una cultura de la violencia, la cultura del capitalismo, y promovida desde redes sociales y monopolios como Hollywood, Televisa, Azteca y las televisoras de paga que se han dedicado a desplegar en su programación productos, en su mayoría estadunidenses, que solo promueven la cultura de la guerra, la violencia y la muerte como únicas opciones. También desde la producción nacional de telenovelas donde se fomenta el clasismo, la violencia de género y el racismo a todo inclusive, ahora también el tema del narcotráfico como ruta de vida y el tratamiento de narcotraficantes a la altura de “héroes”. Esto aunado a la violencia, ya de corte fascista, y en ámbitos no solo de la vida cotidiana, sino políticos, culturales, sociales y económicos que los gobiernos han instaurado paulatinamente contra la población. De tal forma que en el imaginario colectivo ya hay una naturalización de la violencia y el terror como parte de la cotidianeidad.
El circo es aberrante, hoy la sociedad mexicana entera se rasga las vestiduras por el “riesgo” de las violaciones a la soberanía nacional por parte de los gringos y su nuevo tirano que quiere terminar de construir su jaula de oro a nuestras costillas, pero se le olvida que los dejó entrar por la puerta de sus casas hace muchos años, se le olvida que lo que ha consumido culturalmente durante décadas es material estadunidense: violencia y más violencia; que lo que come es comida chatarra gringa; lo que compra trae el sello made in USA, y que los males de este país sí tienen que ver con los gringos pero el verdadero enemigo está en casa y conocemos sus nombres y apellidos.
Operativo Mochila segura fue implementado en el 2004 y las respuestas ya desde entonces son irracionales. Por un lado los padres de familia culpan a los profesores y a las instituciones educativas, por otro se culpa a los padres de familia y por otro a la “violencia que hay en el país”. Ninguna es del todo cierta, es una responsabilidad compartida.
Los padres de familia deben entender que las escuelas no son grandes guarderías, que la televisión y el Internet no sustituyen a la escuela ni al docente y que la educación comienza en casa, desde el diálogo y la convivencia cotidiana. Y al igual las y los docentes, entre muchas otras cosas, deben estar pendientes en las clases de la posibles conductas anómalas que se puedan presentar entre el estudiantado. Sin embargo, es la sociedad entera la que debe cuidar a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, es la responsabilidad de todas y todos que crezcan como seres humanos dignos y libres con pleno respeto a sus derechos y se desenvuelvan en un ambiente de sana convivencia.
Como mexicano, como artista y como profesor me niego terminantemente a tan siquiera tocar una sola mochila de mis estudiantes, me niego hacerla de “policía”, me niego a traicionar su confianza y a violar sus derechos y me niego a ser cómplice de un estado policiaco y fomentar el terrorismo del Estado.
Los docentes no están capacitados ni es su competencia hacer operativos responsabilidad de las fuerzas del orden, así lo mande el sargento Nuño desde la Secretaría de Educación Pública o la UNAM a través de la dirección general de incorporación y revalidación de estudios (DGIRE). Y para muestra un botón.
El saldo del primer operativo en una escuela fue el siguiente botín: 47 tijeras escolares mitad plástico y sin punta, muy útiles para cortar a los profesores en cachitos simétricos de un centímetro cuadrado; un juego de gubias escolares para el taller de xilografía (se cancela el taller hasta que haya gubias de plástico); un compás de precisión para la materia de dibujo técnico, útil para trazar dianas en el cuerpo de directivos, administrativos y docentes (cancelado la mitad del programa que incluya trazos de circunferencias y elipses); un cordón umbilical en formol, útil para ahorcar algún docente o dormir a los directores (cancelada la feria de ciencias); una loción en aerosol de frambuesa, muy útil para lanzallamas y fabricación de granadas de fragmentación con aromatizante y jugar a Marines vs Al Qaeda durante el recreo (cancelada la limpieza personal en horas de escuela); un cuchillo de cocina (cancelada la carrera técnica de gastronomía y los sueños de ser chef senior especialista en cocina mexicana).
Lamentablemente, los cuernos de chivo, los AR-15, las subametralladoras Uzi, las escuadras 45 y los revólveres 22, todas armas “comunes” entre los estudiantes de secundaria y preparatoria no se localizaron, tampoco hay pistas de posibles laboratorios clandestinos donde se podrían estar fabricando armas biológicas, estupefacientes ni almacenes clandestinos en el salón del segundo A donde se podrían ocultar misiles de corto alcance.
Pero, toda la escuela se enteró del número de compañeras que se encontraban en su periodo menstrual al evidenciarse en la revisión de mochilas la presencia de toallas sanitarias. Y eso sí, a todas y todos los estudiantes les violan sus derechos constitucionales desde ese día.

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