Corina: la hora de la igualdad

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Ariel Vite

Las universitarias como ciudadanas tienen compromisos fundamentales con la sociedad, pues además de defender e impulsar el espíritu del pensamiento que habita en la universidad, están comprometidas con el espacio libertario, abierto a la discusión reflexiva y propositiva, condicionada solamente por la ética y la honestidad intelectual. En la historia de la universidad pública la participación de las universitarias es el centro vital de la defensa de la dignidad universitaria, son las primeras defensoras de la tolerancia, la igualdad, la paridad y la equidad de género, son la mirada del principio que nos enseña el lenguaje del universo, la claridad del vacío, el desafío para ser ciudadanos libres, participativos y solidarios. Desde el mundo universitario ellas han sido fundamentales para construir el horizonte de libertad, este que tiene por espacio común dos libertades, el que se abre con el mutuo reconocimiento como personas libres y autónomas, relación por tanto que los iguala, justamente por el reconocimiento de su libertad. De manera individual y colectiva han impulsado la capacidad para coexistir pacíficamente con las diferencias y articularlas mediante el diálogo racional, permitiendo una relación virtuosa entre el ejercicio del pensamiento y el funcionamiento republicano, entre la comunidad científica y la sociedad abierta, liberal-democrática.
Las universitarias demuestran ser capaces de resolver pacíficamente la complejidad de las diferencias y libertades de puntos de vista y de apreciación y de crear el orden social sin uniformidades, integrismos, autoritarismos, o totalitarismos, ellas nos recuerdan que la universidad es el universo de lo múltiple.
En esa fuente intelectual que se distingue por su defensa de los principios ilustrados de la cultura, la libertad, la igualdad que transforma la historia, vive el espíritu irreverente, contestatario, pensante, digno y profundamente humano de Corina Martínez. Universitaria lúcida, su sensible inteligencia nace en el agua callada, en el barro alado, mujer de quietud y movimiento, hecha de mil nubes que inventan su lenguaje, universitaria de voces, humo y literatura. Corina es el tiempo hecho constelación, piedra bajo el Sol, presente siempre presente. Corina ama la cultura como a la luz, como al viento que acaba de nacer. Mujer solar, habla con los jóvenes para desenterrar sus sueños, para volverlos agua tenaz que fluye, para iluminarlos por dentro. Su lenguaje es el de las constelaciones que esculpe el mar que se esparce silencioso. Mujer de pasiones, ávida de sueños, resucita todas las noches en la conciencia vibrante que nos da la vida.
Como universitaria comprometida ha propuesto una agenda educativa a la sociedad.
Cuando sea electa diputada local, planteará, afirma enfática Corina, que la cobertura en el nivel de educación superior crezca por arriba de 50 por ciento. Hoy en México esa tasa es de 37.3 por ciento, mientras que 71 por ciento de esa cifra es atendida por la educación pública. Es indispensable, destaca, exigir al gobierno federal y estatal que se invierta más en educación superior y que, por su parte, las universidades tengan clara su función social y de manera paralela mejoren la calidad educativa y fortalezcan la investigación e innovación. Como candidata por el distrito 12 local, despliega también una agenda social amplia, en la que propone el desarrollo con proyectos sociales de bienestar mayoritario y voluntad de cambio, y anticipa: es la hora de la igualdad.
Votar por Corina es elegir la ruta de una sociedad democrática, contemporánea, es defender nuestro proceso civilizatorio y vital. Corina es la palabra que transcurre, los mil brazos que vuelven a juntarse. Ella es la otra orilla, el tiempo inmóvil, el primer Sol.

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