No puedo olvidar el latrocinio que han padecido los presupuestos destinados al combate del analfabetismo en nuestra entidad y en el país entero.

Grandes sumas de dinero asignadas a esta noble y obligada responsabilidad estatal han ido a parar a los bolsillos de inescrupulosos servidores públicos, designados o electos… ¿Por qué se han ensañado tanto con los dineros para alfabetizar a los hidalguenses? Creo que desde que federalizaron los recursos hacia los estados, los gobiernos estatales descubrieron la mina que representan los muchos millones transferidos y que deben ser aplicados en algo de difícil medición y evaluación. Los analfabetas no están en los zócalos y bulevares de las ciudades, se ubican allá, en Tepehuacán, en Huehuetla, en Xochiatipan… en donde además de no saber manejar el alfabeto, también cargan con enfermedades y carencias, producto de gobiernos injustos.

Lo difícil de establecer los objetivos y medir las metas en la acción alfabetizadora fue y es el gran atractivo para los ladrones… ¿Quién los evaluará? Nadie con compromiso social y, por si acaso, la simulación la cubren ellos mismos; piden y piden presupuesto para alfabetizar y siempre sus informes y gacetas dicen que ya casi está abatido. Hasta “plantan” banderas blancas… ¡Banderas del cinismo!
Grupos de alfabetizados fantasma fue la constante y ahora ya existen más ojos que miran desde la sociedad lo que hace el gobierno para alfabetizar, y como ya se “alfabetizó” muchas veces a los mismos y aún el rezago exige más y más presupuesto, pues los depredadores han enfocado su ambición en el robo de los salarios y prestaciones de los empleados de campo. Nada de extrañarse.

Si han sido capaces de comprar premios internacionales y de alfabetizar hasta a los difuntos, pues seguir hurtando dinero para alfabetizar representa desde siempre el doble negocio: uno, de ahí ha salido el financiamiento inicial para proyectos de conservación del poder público y hasta hoy rinde frutos para unos cuantos; y dos, al simular que se alfabetiza, se asegura la perpetuación de la ignorancia y pobreza, ingredientes esenciales como sostén y soporte de gobiernos mediocres… Como los que hasta hoy padece Hidalgo.

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