Y cuando todos despertamos, el Prisaurio ya no estaba ahí. Así es, lo que pensábamos improbable algunos años atrás, hoy es toda una realidad: Andrés Manuel López Obrador (AMLO), probablemente el político más incansable en lo que va del siglo XXI, es electo presidente de México en unas votaciones sin precedentes en nuestro país. Pero como no todo es AMLO, aquí algunas situaciones que nos dejaron las pasadas elecciones del primero de julio, las cuales, para bien o para mal, considero no deben olvidarse…

1. El triunfo de AMLO es multifactorial. Decir que López Obrador ganó debido al resentimiento de la población es reducir el impulso que fue sembrando durante más de una década. Sí, el coraje de un pueblo harto de corrupción se hizo sentir, pero también debemos considerar que fue el único candidato que supo dirigirse a todos los sectores del país: de los marginados a los privilegiados, de los jóvenes a los adultos mayores, de la gente del campo a la de la ciudad; el candidato del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) supo capitalizar todos los rincones que componen a México.

2. La población sí sale a votar. Poco más de 45 millones de mexicanos sufragaron durante los comicios del primero de julio, lo cual representa un aproximado de 63.44 por ciento de participación ciudadana. Esto es un incremento del 0.30 por ciento con respecto a las elecciones de 2012, que registraron una participación del 63.14 por ciento. Si a esto le sumamos que el padrón electoral creció de 2012 a 2018, significa que las y los mexicanos sí acudimos a las urnas y, además, incrementaron de buena manera las planillas marcadas. Un aplauso para nosotros por participar y que no decaiga el ánimo para próximos comicios.
3. Bye PRI. José Antonio Meade Kuribreña, candidato presidencial por los partidos Revolucionario Institucional, Verde Ecologista de México y Nueva Alianza, consiguió solamente 16 por ciento de los votos, poca competencia para el 52 por ciento obtenido por López Obrador. Nada alarmante, ¿verdad? Pero si comparamos con el 5 por ciento logrado por el candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco, podemos observar claramente la debacle priista: solamente afrontaron los comicios con los votos de su propia estructura. Ya todos sabemos por qué no recibieron más votos, pero no está de más enfatizar que esta es la derrota más penosa en su historia.

4. Bye PRI en Hidalgo. ¿Existe algo más penoso que el punto anterior? Sí, y mucho. El Revolucionario Institucional se fue con las manos vacías en estas elecciones al grado en que estados bastiones del priismo vieron cómo la estafeta cambió de bando. Y uno de ellos es Hidalgo, que durante todo el siglo XX y lo que va del XXI conservó una mayoría priista en diputaciones locales, federales y senadurías. Esa permanencia terminó el pasado domingo y abrió una brecha mayor hacia la democracia para un estado que está hambriento de ella.

5. Clasismo, alienación y poca empatía por el otro. Sí, inevitablemente nuestro país está herido por el clasismo, la alienación y la falta de empatía, los cuales fueron exhibidos por un sector de la población durante las votaciones. Sí, ese sector que basa sus juicios en el sentido común; sí, ese sector al que no le duele ver al país disolverse entre la violencia; sí, ese sector que considera que “es pobre el que quiere”; sí, ese sector que le dice prieto o naco a los demás; sí, ese sector que se considera privilegiado, burgués, aunque sus tarjetas de crédito estén saturadas. Ya basta. La división nunca nos ha llevado a nada. Este es el momento de unirnos más que nunca, no de mostrar nuestros prejuicios.

Así algunas cosillas que nos dejan las elecciones del pasado primero de julio. ¿Mejorará el país? ¿Ahora sí estaremos mejor ya que ganó ya saben quién? Todas las respuestas se darán a partir del próximo primero de diciembre. Por lo mientras, el país respira un aire diferente aunque sea por una temporada.

@Lucasvselmundo
[email protected]

Comentarios