Un torneo más de nuestra querida Liga Mx llega a su inevitable conclusión. Los ocho invitados a la fiesta grande de nuestro balompié compiten por saber quién es el “papas fritas” del semestre y, de paso, ganarse una estrellita más en su escudo. Sin embargo, hay ciertos inconvenientes con la también llamada liguilla que, como aficionados, nos sacan canas verdes. Ante ello, aquí algunas cuestiones que odiamos de ese evento tan ridículamente entretenido como espantoso…
1. Es otro torneo. Ok. Comprendemos que se requieren 17 jornadas de buen, regular y mal futbol para determinar a los ocho mejores equipos del país. Sin embargo, cuando inicia la liguilla vemos cambios increíblemente milagrosos: escuadras moleras dando los partidos de su vida y equipos consistentes que se desploman peor que edificio dinamitado. Entonces, ¿de qué sirve tratar de mostrar buen nivel durante la fase regular del torneo si en la ronda final todo es cuestión de colmillo? Paradójico, ya que muestra lo bonito y lo ingrato que es ese deporte en el país.
2. Campeones inconsistentes. Vale, se puede ser campeón clasificando a la liguilla en primero, quinto y hasta octavo lugar (hubo una época en la que hasta el lugar 12 podía aspirar al título). No hay bronca, es el derecho ganado tras cierta regularidad. El problema viene al siguiente torneo, cuando esos equipos dan pena ajena con resultados horripilantes. “Campeonitis”, le llaman los animosos; mediocridad, los amargados. Incluso, han existido estudios de las universidades más prestigiosas del mundo para explicar semejante fenómeno, pero ninguno ha dado pruebas contundentes. Lo cierto es que nos hace cuestionar y maldecir a la liguilla.
3. El nivel de juego. Se supone que es la fase final de un torneo, ¿cierto? Que los jugadores deben entregarse en alma, vida y corazón para llevar el trofeo a casa, ¿cierto? Que los estadios deben estar a reventar, ¿cierto? Entonces, por qué vemos partidos con un nivel de juego tan parco, tan “a la segura”, jugadores caminando por la cancha y gradas más funestas que un panteón. Hasta un partido llanero tiene más jugadas de peligro y gente contenta. Y el mayor problema es que esa pobreza de buen futbol se llega a presentar en finales.
4. El arbitraje y el VAR. ¿Saben que echa a perder un buen partido de liguilla? Un árbitro protagonista. Y en nuestro futbol abundan a granel. Faltas inventadas, penales marcados hasta por el toque mínimo del pétalo de una rosa, tarjetas amarillas y rojas por doquier y un largo etcétera. Comprendemos que los jueces son seres humanos, pero en ocasiones su falta de ética merma a toda una competición. Es necesaria la repetición videoasistida (VAR) con el fin de que los nazarenos tengan mayor apoyo en su chamba, pero también, para que pierdan ese protagonismo mal encaminado. El mejor árbitro es el que menos se nota.
Pues bien, aquí termino el listado porque voy por un kilo de chicharrón para disfrutar la vuelta de los cuartos de final de la Liga Mx. Ojalá el futbol fluya como se debe y que la pelota nos brinde varias alegrías.

@Lucasvselmundo
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