Los biólogos y otros campos de la ciencia cuando hablan de la sexta extinción de especies hacen referencia al ser humano, aunque es común ver la sexta extinción como algo externo a los humanos. Concentran su atención en las especies animales. Lo anterior, en razón de que el “detente” científico puede ayudar a enfrentar situaciones de vulnerabilidad con lo que no cuentan las especies animales. Sin embargo, la experiencia que ahora vivimos con el coronavirus (Covid-19), debe llevarnos a reflexionar aún más sobre este tema en virtud de una evidencia a todas luces observable: el impacto de la pandemia se ha dirigido a la humanidad, pero no deja de ser un fenómeno directamente relacionado con la naturaleza y la sexta extinción.

Se entiende aquí por vulnerable cuando una especie “no está en peligro crítico o en peligro, pero enfrenta un alto riesgo de extinción en estado silvestre a mediano plazo”. Ahora bien, en realidad lo que ha ocurrido por lo menos en los últimos 50 años es algo más que una situación de vulnerabilidad del mundo animal. De lo que hemos sido testigos es que existe un proceso que nos acerca más bien al concepto de “sexta extinción”. Este concepto nos indica que han ocurrido otras cinco (no siempre existe acuerdo si son cinco o seis, pero hablar de seis es lo correcto).

Una extinción masiva quiere decir que las especies existentes ante un evento, que puede ser ocasionado por ellas mismas, de la constante dinámica de la naturaleza como una explosión volcánica o que puede provenir del exterior como el impacto de algún meteorito, ocasiona que se genere un ambiente al que las especies les es imposible adaptarse, lo que trae como consecuencia su extinción en masa o casi en masa. En ese punto, ocurrirá de nueva cuenta un esfuerzo de la vida por recuperarse y recrear de nueva cuenta la vida en el planeta. Y es eso lo que ha ocurrido en procesos de extinción anteriores, como ocurrió hace 65 millones de años con los dinosaurios.

Siempre habrá especies cuya fortaleza dentro el desastre puedan sobrevivir a través del mecanismo darwiniano de la selección del más fuerte. Dice Jaime Rau que las especies no están distribuidas de igual manera en el mapa natural del planeta y, asimismo, unas y otras especies, se encuentran más o menos fortalecidos de acuerdo a su extensión y familiaridad biológica. Existen regiones con una gran multiplicidad de especies como el área del Amazonas, mientras que otros no corren la misma suerte. Este mismo autor señala que: “Lamentablemente, la biodiversidad global y local se enfrenta hoy a los peligros del denominado “cuarteto malvado” (Diamond 1989), conformado por la sobreexplotación y el comercio ilegal de especies amenazadas, la destrucción de hábitat y su fragmentación, las invasiones biológicas por especies introducidas y las cadenas de extinciones.

Se sabe que actualmente la tasa de extinción de especies, la así denominada “sexta extinción masiva” está superando con creces la tasa de descripción de nuevas especies, particularmente de invertebrados. Desafortunadamente, la “taxonomía de los taxónomos chilenos” revela que estos tienen una baja masa crítica y, por consiguiente, trabajan solo con unos pocos taxa, existiendo un marcado sesgo hacia los vertebrados”.

Volvamos al punto del primer párrafo. Ahí expusimos que, la sexta extinción hace énfasis en la extinción animal. Ahora bien, los seres humanos, por supuesto que son parte de la especie animal, aunque la cultura occidental nos haya sacado de ese ambiente con el pretexto de una supuesta racionalidad y superioridad. En la lógica de la sexta extinción se ha colocado a los humanos como los responsables de la extinción, pero no debe entenderse como si los humanos, entonces, se quedarían fuera de la extinción masiva nada más por el hecho de que por alguna absurda razón nos hemos considerado humanos y no animales.

La extinción animal es una extinción animal y abarca a todos, incluidos los humanos porque los seres humanos somos parte de la naturaleza y ya no vale que nos sigamos engañando al respecto de que somos algo distinto del mundo animal. El ser humano es parte de la naturaleza y el que existan personas que se consideren que no forman parte de la naturaleza es otro asunto, de carácter ideológico absurdo. Ya no se trata solamente de una extinción silenciosa como ocurría hasta hace cincuenta años. A partir de la década de 1970, los científicos han registrado tres aspectos fundamentales: incendios, pérdida de bosques y tráfico de especies animales. Hechos que ocurren ante nuestros ojos.

Según National Geographic “el trabajo del catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México Gerardo de Ceballos, junto a varios colegas de la Universidad de Stanford, han cartografiado la distribución geográfica de más de 27 mil 600 especies de pájaros, anfibios, mamíferos y reptiles; la mitad de las vertebradas terrestres conocidas. También han analizado el declive de las poblaciones de 177 mamíferos estudiados en profundidad entre 1990 y 2015. Las conclusiones no son nada halagüeñas” “Los resultados muestran que un 30 por ciento de las especies de vertebrados estudiadas están viendo reducidas sus poblaciones y que además, esa disminución está afectando de igual manera a la diversidad biológica de sus respectivos hábitats. Por otra parte, de las 177 especies de mamíferos estudiadas, todos han perdido el 30 por ciento de su hábitat. Y otro 40 por ciento ha visto como se reducía y fragmentaba hasta en un 80 por ciento”.

Combinado con lo anterior, ahora presenciamos y nosotros mismos nos hemos encerrado en nuestras casas en virtud de que vivimos un fenómeno, guardando las diferencias, como cuando en el mundo animal ocurre una “quemazón”; una pérdida de hábitat; un fenómeno meteorológico como El Niño, etcétera. La diferencia es que nos han acostumbrado a vernos a nosotros mismos en la lógica de la metafísica de la ciencia: es decir, que habrá una respuesta técnica, un “detente”. La verdad es que no es así (aunque parte de la técnica es el sano distanciamiento y las cuarentenas), pero la vacuna contra el Covid-19 vendrá en un año o más. Y, como dicen en mi pueblo, antes de que una nueva pandemia nos agarre sin confesar, dejemos de pensar que vivimos fuera de la naturaleza.

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