México superó el pasado fin de semana los 92 mil decesos por el coronavirus (Covid-19) e Hidalgo reportó más de 2 mil 300 fallecidos. De esa manera, la enfermedad se transformó en una de las primeras causas de muerte en el país, lo que sin duda representa un gran problema público que nos acompañará por lo menos todo el siguiente año 2021. Hace algunos días, el propio subsecretario de Salud Hugo López-Gatell señaló la existencia de un rebrote temprano, mismo que se empalma con la temporada invernal, mayores niveles de contaminación atmosférica y la influenza estacional.

Al parecer, lo peor está por venir, el Instituto de Métricas y Evaluación de Salud de la Universidad de Washington proyecta que para fines de noviembre en México habrá 104 mil 181 defunciones. Así también, las perspectivas de una vacuna se vislumbran recién para marzo en caso de población de riesgo y diciembre para el resto. Hace algunas semanas, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Tedros Adhanom Ghebreyesus advirtió que “el mundo se encuentra en una nueva y peligrosa fase. Muchas personas están comprensiblemente hartas de estar en casa. Es comprensible que los países estén deseosos de abrir sus sociedades y economías. Pero el virus se sigue propagando rápidamente, sigue siendo mortal y la mayoría de la gente sigue siendo susceptible. Hacemos un llamamiento a todos los países y a todas las personas para que ejerzan una vigilancia extrema”.

Lo anterior, representa un gran desafío para el Estado mexicano y todos sus niveles de gobierno, ya que el crecimiento de los contagios presionará el sistema hospitalario, aumentará la mortalidad y obligará a tomar medidas de reducción de movilidad para detener la transmisión del virus. Esto es evidencia de la persistencia del virus entre nosotros, pero también supone la necesidad de asumir la gestión del riesgo, adaptabilidad y resiliencia, tanto por parte de la sociedad como de los gobiernos. De allí entonces, qué surge la necesidad de prepararnos bien para un nuevo escenario probablemente más complejo que el presentado en agosto, cuando se observó el pico de la primera ola tanto en número de contagios como en el de ocupación hospitalaria de camas generales y de cuidados intensivos.

Así, podría venir una tormenta perfecta por diversas razones: 1.- La sociedad cada vez más ha desatendido las medidas sanitarias, vemos con preocupación en las calles cómo menos personas usan cubrebocas, mantienen la sana distancia o establecen medidas de higiene como el cotidiano lavado de manos. 2.- El Estado mexicano ha tenido errores comunicacionales en el ámbito de la gestión del riesgo. Lo que sin duda deberá reforzar en las próximas semanas a través de campañas de uso de cubrebocas, fiscalización en la concentración de personas, restricciones en la movilidad, ampliación de la campaña de vacunación, medidas de protección ante el frío, refuerzo de la trazabilidad de casos, obligación de aislamiento de los contagiados, inversión en insumos y recursos de protección para el personal de salud y fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica en todos los niveles de gobierno y 3.- El personal sanitario se encuentra desgastado física, económica y emocionalmente, lo que hace difícil enfrentar un alza descontrolada de pacientes en las unidades de cuidados intensivos, lo que invariablemente hará que aumenten los fallecimientos.

En el ámbito de gestión del riesgo, el mensaje del gobierno federal y estatal debe ser claro y contundente para no bajar la guardia frente al Covid-19 y reforzar las medidas sanitarias de trazabilidad, aislamiento, distancia social y detección temprana de casos. Lo que se viene requiere el máximo despliegue de las capacidades estatales por un lado y de la corresponsabilidad social por otro. Pero de nada sirven los esfuerzos de política pública si no usamos cubrebocas, no evitamos aglomeraciones, no nos lavamos las manos o no limitamos el contacto físico. Lo anterior es fundamental, si asumimos lo planteado por la OMS que sostiene que hemos visto apenas un tercio de los efectos de la pandemia y que lo peor podría estar por venir, por ello debemos estar preparados para enfrentar uno de los mayores desafíos colectivos de los últimos años como es el Covid-19.

De interés

Comentarios