Esta pandemia nos ha hecho reflexionar sobre las debilidades y fortalezas que tenemos como sociedad y en lo individual. Cada gobierno ha dictado las normas que ha considerado, y las buenas o malas noticias han sido claras, cada día estamos pendientes cómo van las muertes en el mundo y en nuestro país, hasta hoy, según información de la Secretaría de Salud, existen 59 mil 567 casos confirmados y 6 mil 510 defunciones en el país, sin embargo, falta analizar cuáles son las repercusiones en lo familiar y en lo individual.

Al interior de muchas familias mexicanas se está generando mucho estrés, por distintas razones, una de ellas es que las familias que tienen niños en el nivel básico (preescolar, primaria y secundaria) están atravesando por una sobrecarga escolar y, además, hay que considerar que no todas las familias cuentan con una buena computadora o con óptima conexión a internet; la comunicación de este tipo de estudiante con la escuela está siendo muy complicada, y principalmente en los niveles del preescolar y primarias, por tanto, el trabajo está recayendo en los padres (en caso que estén los dos) o en uno solo, pero si además estos dos o el único padre o madre trabajan, el día cotidiano se convierte en una labor en la que no alcanzan las horas del día: cuidar, dar de comer, limpiar la casa, hacer tareas y además trabajar, esto deja en los padres o único padre: cansancio, fastidio, estrés, sentimientos que fácilmente pueden detonar en actos de violencia.

Pero si además de lo anterior, a la madre o al padre se les descansó con el mínimo del salario o de plano sin salario, complica las relaciones familiares, pues se agrega a los sentimientos antes señalados la frustración, que ocasiona enojo con uno mismo, con el otro o con la sociedad, y las salidas de ese sentimiento pueden ser varias, una de ellas la violencia.

En una cultura machista, el hombre al que no se le ha enseñado cómo trabajar con su frustración, enojo, o desesperación sin violencia, pues lo que va a ocasionar al interior de su familia es eso, la cual siempre irá en aumento. Se hace más grave si le agregamos alcohol o droga, por tanto, el feminicidio, las violaciones, y otras formas extremas de violencias serán la realidad.

La pandemia está mostrando que es necesario que desde pequeños se nos enseñe a trabajar con ese tipo de sentimientos: enojos, frustraciones, miedos, pero sin violencia, pero a hombres y mujeres, pues si bien los mayores violentadores son ellos, la mujeres también lo hacen con ellas mismas, con el esposo y/o con sus hijas e hijos. La violencia en la familia no se concentra solo en una persona, se convierte, lamentablemente, en una práctica común donde cada quien la usa cuando puede y con quien puede, por lo mismo, la violencia hacia los hijos e hijas es una constante.

Pero también un tema que está dejando ver el Covid-19 es que los padres de familia no saben cómo enfrentar la convivencia con sus hijos en casa, muchas familias están acostumbradas a que ellos se van a la escuela, luego la televisión, los amigos u otros entretenimientos. Se ha dejado la educación a instituciones externas; en consecuencia, cuando de repente se concentra la familia en un espacio sin salir surge el estrés, la desesperación y hasta la angustia por no saber qué hacer, sentimientos que se recrudecen cuando las familias tienen espacios pequeños y tienen más de tres hijos o viven con otros familiares, esto puede complicar aún más las relaciones sociales y la violencia puede estar presente.

Con ese contexto, cuando escucho que el coronavirus está generando mayor violencia intrafamiliar no me sorprende, pues es claro que la pandemia activó muchos temas en la familia: machismo, falta de dinero, demasiada carga de trabajo, no saber convivir con los hijos, principalmente entre los hombres, quienes están acostumbrados a salir a trabajar y dejar estos asuntos a las madres.

Por eso titulé a este artículo “El Covid-19 y la soledad”, pues la pandemia ha soltado sentimientos no tan positivos en los individuos, tal como es el miedo, la angustia, la desesperación y la frustración, sentimientos que si no logran entenderse pueden generar violencia al interior de las familias. Esta situación no solo ha puesto a temblar al mundo, a los países, sino también a las familias y a cada uno en lo individual.

Son momentos difíciles y apoyarnos solidariamente es un deber social. Los maestros no deben dejar tareas que pretendan que los padres hagan.

Todo parece indicar que este año será difícil, y que las medidas de salud permanecerán, así que tenemos un desafío al interior de nuestras familias y aunque no es un tema fácil, esas no deben dejar todo el trabajo a las madres. Los hombres tienen que cambiar sus ideas preconcebidas, este es el espacio, tienen que colaborar con ellas con las tareas de la casa y de sus hijos, jugar con ellos, no usar la violencia como un camino fácil, es un camino difícil pero esta cuarentena nos da el espacio también de reflexionar cómo podemos mejorar y lograr una mejor convivencia.

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