Para la construcción de un imaginario dentro del espacio virtual se requiere de los imaginarios colectivos que cada cultura y comunidad crean en su cotidianidad. Desde ahí, la estética toma importancia en lo formal del arte, y en la mirada que las personas generan en torno de las imágenes.

Para el semiólogo italiano Omar Calabrese las construcciones de convencionalismos alrededor del disfrute que produce un sistema cultural, corresponden a “‘caracteres’, ‘epistemes’, ‘mentalidades’ de época y son reconocibles por cuanto son redes de relaciones entre objetos culturales”. A esta época heterogénea la denomina era neobarroca, la cual es muy visible en el ciberespacio pues el progreso de las ideas nace casi siempre del descubrimiento de relaciones insospechadas, de redes inimaginadas… Cada uno de nosotros, en efecto, dice siempre mucho más de lo que sabe y hasta lo que imagina saber.

Así, las imágenes y el gusto por ellas no se da solamente por las ideas formales de la estética, se da igual por el disfrute del gusto creado cultural y socialmente, conformando así cada persona un juicio de valor sobre lo que observa, la sociedad las juzga dentro de una cultura visual, detectando una especie de “estetización de masas” en la sociedad actual.

De tal forma que la interacción que guardan el usuario y la imagen en el ciberespacio, depende, sí de la composición formal de la toma, pero también del contexto en que es tomada la imagen, sumándole el contexto con el que se presenta dentro de la comunidad virtual.

Por otro lado, el sociólogo Pierre Bourdieu retoma las ideas de Michael Baxandall sobre el estudio social del arte a través de la existencia del ‘ojo de la época’ donde hay un condicionamiento social de la mirada, entendiendo que el contexto social y cultural impacta en la forma de presentar y ver el arte. Por lo que el gusto no solo se relaciona con las condiciones sociales en que se produce, sino de acuerdo con los bienes que se consumen y la manera en que son consumidos por la sociedad.

Las obras de arte, por ejemplo, presentan un consumo de acuerdo con la preparación que tiene el grupo que las recibe, y se puede observar que las más populares tienen mayor circulación y son reconocidas por personas que no tienen gran preparación escolar, mientras que quien ha accedido a mayores grados de estudio, conocen y consumen obras de arte menos populares. Sin embargo, el estatus que se crea alrededor de conocer o no sobre la estética del arte es lo que hace que las personas busquen demostrar más este conocimiento y se acentúe de acuerdo con su nivel académico.

De tal forma que, esa distinción no está completamente relacionada con la disposición estética, sino con lo social. En el ciberespacio, esto es muy claro, pues se ha visto que la inmediatez ha primado a la estética, pero aun así los usuarios que comparten imágenes dentro de las redes sociales de Internet tienen un interés en generar tomas que sean apreciadas desde valores estéticos.

Así, esto lleva igual a popularizar ciertas imágenes sobre otras pues comparten un mayor gusto popular sobre lo estético. Por ejemplo, se observa un fuerte movimiento para reivindicar la comida popular y hasta sus formas de consumirla a través de publicaciones que promueven que no deberíamos de avergonzarnos de comer ese tipo de platillos o haberlos consumido en el campo o en espacios que se definen como humildes. Acto seguido se habla de su sabor y del disfrute que generan más allá de la estética de la imagen compartida.

Así como la gente habla de una obra de arte que debe admirarse porque la crítica social así lo establece, en las comunidades virtuales, esta legitimación no está dada por un grupo concreto, pues es un espacio horizontal, sin embargo, cada persona puede establecer su propia legitimación a través de imagen y lo que ella le representa.

Por lo tanto, nuestro gusto, si bien puede tener una cierta educación, seguramente estará mucho más influido por nuestro contexto social y cultural. De tal forma que valoraremos más las imágenes que nos permitan sentir, recordar y observar algo que emocionalmente nos produzca más sobre cualquier construcción académica que tengamos en torno al tema. Así, este juicio no será ajeno al placer de las sensaciones y tal punto puede ser la razón por la que la comida nos inspira a fotografiarla y compartirla con la red de amigos virtuales.

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