Desde la perspectiva de economistas premios Nobel, como Joseph Stiglitz 2001 y Paul Krugman 2008, el modelo económico mexicano tiene que cambiarse; para Stiglitz “México debe, con imaginación, dignidad y valor, ponerse a trabajar de inmediato para consolidar una integración regional con los países de América Latina”.
Paul Krugman considera que la economía mexicana es un rompecabezas, a pesar de las reformas y las ventajas de su geografía, la cual se ve limitada por la carencia de infraestructura, principalmente del transporte, pero el principal problema es la educación, “los mexicanos están pobremente educados, dijo, ha habido progreso pero eso sigue siendo un problema. Igual que la corrupción, el crimen y el poder monopólico de ciertos empresarios, en ciertas industrias”.
El pasado 8 de febrero se reunieron en la Ciudad de México rectores de universidades mexicanas que pertenecen a la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe, su pronunciamiento se refirió a un nuevo proyecto nacional de desarrollo, orientado a cerrar la brecha científica y tecnológica que México tiene respecto a los países del norte, la innovación social, con nuevos proyectos de desarrollo comunitario, de producción solidaria, afianzar la educación universitaria como un derecho humano y un bien público frente a las corrientes que la mercantilizan.
Este pronunciamiento es la respuesta al fracaso del modelo económico aplicado desde la década de 1980, como a los pactos y las reformas estructurales del régimen de Peña Nieto, quien le ha apostado a los grandes capitales y a las grandes empresas como motores de la economía nacional, cuyo resultado ha sido más desigualdad y más pobreza.
En paralelo, el grupo Nuevo Curso del Desarrollo de la UNAM presentó el pasado 18 de enero el documento “En defensa del interés nacional, ante la coyuntura crítica”, que analiza la trayectoria y coyuntura de la economía nacional, principalmente con la llegada de Trump, para lo cual sugieren tres acciones: la primera se refiere al diseño de un programa de emergencia de apoyo al empleo orientado a regiones y segmentos más afectados.
La segunda consiste en lanzar un programa de inversión pública para mejorar y ampliar la infraestructura en las regiones más atrasadas del país, complementada con apoyos de la banca de desarrollo. Y la tercera es la renovación del pacto fiscal de la nación, con el fin de elevar los ingresos de la población marginada y hacer más eficiente el gasto público.
Claro, esto no funcionaría si no se logran avances en el combate a la corrupción, que le cuesta al país más de 350 mil millones de pesos, equivalente a 10 por ciento del PIB, por algo en este flagelo social, México ocupa el primer lugar de las naciones que forman parte de la OCDE, pero también en violencia somos el número uno.
Por lo tanto a la pobreza, al rezago tecnológico de nuestras Mipymes, a la baja calidad educativa, a la falta de investigación aplicada, agréguele usted la inseguridad, la impunidad, el despilfarro y saqueo de gobernadores y políticos corruptos, y la alta violencia, porque la vejación, violación y agresión son parte ya del botín de asalto en cualquiera de sus modalidades. México es un Estado fallido donde el sistema judicial y las leyes son manipulados por los criminales.
A todo este contexto, ¿cómo se le puede denominar? Crisis económica, social y política, porque las elecciones las ganan los que negociaron en lo oscurito, los que tienen mejores estrategias de marketing político y más recursos para comprar votos.
Afirma el grupo Nuevo Curso de Desarrollo que la economía mexicana lleva tiempo ya entrampada en una senda de bajo crecimiento, profundizándose a últimas fechas. En el 2010 el PIB llegó a 5.1 por ciento, pero en el 2016 llegamos solo a 2.3 por ciento; según la consultora internacional Moody’s, el PIB para el 2017 no será mayor a 1.4 por ciento, a esto se le llama desaceleración y estancamiento, le sigue la recesión.
La explicación que da la consultora es el impacto negativo por las nuevas políticas que aplique Trump que restringirán la actividad comercial.
El TLC no ha sido, ni será, la panacea de la crisis que enfrentamos, porque solo ha propiciado un crecimiento distorsionado, con privatizaciones y desregulaciones, comprometiendo el patrimonio nacional a cambio de una acumulación de recursos en pocas manos, desmantelando sectores productivos completos, generando una movilidad social negativa, profundizando la pobreza y la desigualdad. ¿No lo cree usted?

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