La elección del 18 de octubre podría acarrear un riesgo no solo sanitario, sino de seguridad pública. La detención de un presunto objetivo delincuencia del llamado triángulo rojo prende las alertas de posibles candidatos vinculados a la delincuencia organizada. Ese escenario no es nuevo, el gobernador Omar Fayad Meneses, aunque en una violación abrupta a la presunción de inocencia, reveló en junio de 2020 que los entonces alcaldes de Zimapán e Ixmiquilpan tendrían nexos con grupos criminales. El mandatario de Puebla Miguel Barbosa confirmó que Juan L, alías el Moco, detenido por presuntamente transportar despensas con fines electorales a Hidalgo, es investigado por su participación en el delito de huachicoleo. El morenista puntualizó que el Moco aparentemente estaría involucrado en el posicionamiento de abanderados partidistas en Hidalgo, a través del reparto de despensas. Ese hecho que ocurre a dos semanas de la jornada electoral es una llamada de atención para las autoridades encargadas de organizar el proceso para evitar que la delincuencia se infiltre en los próximos ayuntamientos. La omisión de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales de Hidalgo frente a ese delicado caso significaría un atentado contra la democracia. La complicidad institucional frente a un eventual un pacto delincuentes-candidatos provocaría que la violencia se desboque en territorio hidalguense. Es una realidad que los ediles necesitan más recursos y no solo eso, requieren que la federación los apoye para llevar a cabo un saneamiento a fondo en todas las policías locales del país, convertidas desde hace muchos años en brazos del crimen organizado. El riesgo de esa alianza perversa es que algunos alcaldes paguen al crimen las facturas por los apoyos recibidos, a través cuotas de poder o económicas. La detención del Moco prende las alertas y la inacción de las autoridades electorales sería otra perversa complicidad. De filón. Otro acierto de la consejería municipal interina de Pachuca fue descartar la posibilidad del regreso de la afición al estadio Hidalgo en tanto no existan las condiciones sanitarias. Abrir las puertas del huracán a la hinchada tuza hubiera sido una decisión suicida.

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