La educación es fundamental para que una nación logre avances sustanciales en el bienestar de todos sus habitantes, es un derecho humano, porque es la sobrevivencia en la sociedad de la que forman parte, su oferta educativa se alimenta de la investigación-desarrollo (I+D) porque es la investigación la generadora de nuevos conocimientos, que retroalimenta los procesos de aprendizaje, hacia la comprensión de la compleja realidad, propiciando la transformación en lo económico, para lograr un desarrollo competitivo y sustentable, en lo cultural hacia valores que fortalezcan el sentido humano y supere las patologías sociales fortaleciendo la democracia.

Las instituciones de educación superior pública (IESp) permanentemente comprometidas con la sociedad, sobre todo con los grupos más desfavorecidos, están el umbral de una profunda crisis, en dos vertientes la primera es financiera y la segundad es su rezago respecto a los nuevos paradigmas del conocimiento, a la luz de los cambios globales, propiciados por la correlación de fuerzas políticas internacionales, como a los profundos cambios tecnológicos, que divide a las naciones en generadoras o usuarios, las naciones carentes de capacidades tecnológicas vulneran sus procesos económicos, profundizando sus condiciones de pobreza. La crisis en las IESp es también una crisis en la democracia.

La crisis financiera ha impactado a las IESp de forma diferente, a unas más que a otras, pero a todas ha impactado, porque fue política de Estado en tiempos de Peña Nieto la de establecer un gasto por estudiante de 8 mil 600 dólares anuales, cuando las naciones integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) destinan una cantidad superior a los 17 mil dólares por estudiante anualmente, además de ordenar que el 48 por ciento de los recursos totales del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) se destinaran a la iniciativa privada en detrimento de las universidades públicas y de las Pymes.

Agréguele usted la lentitud y moches que por parte de los gobiernos estatales aplicaban a la transferencia de los recursos federales a las IESp, provocando protestas e incluso huelgas, para que los entregaran, abusos que se vinieron a sumarse a las políticas restrictivas del gobierno peñista.

Arribamos a la era de la 4T, eliminándose el programa U081 referente a los apoyos para la atención a problemas estructurales de las universidades públicas, la ausencia de este programa hizo inevitable la bancarrota de 10 universidades, con adeudos, que en conjunto suman más de 16 mil millones de pesos, las universidades en crisis son: Veracruz, Zacatecas, Chiapas, Oaxaca, Morelos, Sinaloa, Michoacán, Nayarit, Tabasco y Estado de México.

Si bien es cierto que los gobiernos oligárquicos que antecedieron a la 4T sometieron a las IESp a un acoso presupuestal sin precedentes, a fin de desaparecerlas y fortalecer su política de privatización de la educación superior, también es cierto que con el propósito de la estafa maestra, donde no todas participaron, el cuestionamiento y la descalificación por parte de la 4T, fue general, una operación que debía hacerse con bisturí se realizó con machete, afectando prestigio y presupuestos de todas las IESP, sin excluir la austeridad republicana como mecanismo de restricción presupuestal.

Las IESp requieren redireccionar sus procesos con una visión de la Industria 4.0 y de la Revolución 5.0, basándose en una nueva pedagogía orientada al pensamiento crítico, para lograr en sus educandos una creatividad exponencial, que derive en la disrupción, para lograr innovaciones de alto impacto, con nuevas metodologías generando redes semánticas, para enfrentar los desafíos de la sociedad tecnológica, con mayor capacidad de resiliencia, y un pensamiento crítico-sinérgico como estrategia; de lo contrario no saldremos del rezago que prevalece.

En el discurso del presidente López Obrador este primero de diciembre hizo referencia a las 100 universidades del bienestar, sus avances en matricula de 40 mil estudiantes, está bien, pero lo que no está bien es que no le merezca su atención la situación de las más de mil IESp que atienden a más de 3 millones de estudiantes, los cuales apenas representan el 11.

5 por ciento de los jóvenes entre 20 y 24 años que hay en el país, respecto a I+D no comento nada. ¿Por qué no fortalecer al sistema de educación superior público a la par de las universidades del bienestar, y su articulación a los procesos de I+D que deben ser el principal motor del cambio?

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