Nada es para siempre, la pandemia y la recesión económica convergen en un proceso sin fecha de término, pero terminará, claro, no será por decreto, ni por la caída de gobiernos o revocaciones de mandato, porque obedecen a lógicas de la ambición por el poder y por el retorno de los privilegios.

No hay tregua de la crisis sanitaria, ni de la económica, menos de la revancha política, que por idolología tienen a la antidemocracia, la ultra derecha puede disfrazarse de liberales, en supuesta lucha por el pueblo, quedándose en la filantropía que en nada disminuye la desigualdad; pueden ser fascistas, conservadores o centristas, pero eso sí, siempre denostando los programas sociales como la gratuidad en la educación y en la salud.

¿Las campañas de las trasnacionales asentadas en México, destacando sus actividades de responsabilidad social, serán parte de la escalada ultraderechista? El corolario lo pone el empoderamiento del crimen organizado, que está pavimentando con sangre, su ruta hacia el control de más espacios territoriales. ¿Hasta dónde?

La crisis económica generada por la pandemia, tiende a superarla en cuanto a profundidad en daños y tiempo, si la pobreza no se ha desterrado durante el tiempo que ha prevalecido el modelo capitalista, a pesar de programas como los objetivos del milenio y los objetivos para un desarrollo sostenible, la pobreza y el hambre surgida por la paralización de las actividades económicas amenaza con incrementarse, la CEPAL y la FAO estiman que el hambre impactará a 21.7 millones de mexicanos, a nivel Latinoamérica serán 83.4 millones de personas.

La crisis alimentaria la empezaron a padecer 10 millones de niños latinoamericanos que dejaron de recibir su principal fuente de alimento, al no poder acudir a sus escuelas, por el aislamiento; en México 5 millones de niños quedaron fuera de las clases por no tener Internet.

El secretario de las Naciones Unidas Antonio Guterres señaló la imperiosa necesidad de una reacción inmediata para evitar una crisis alimentaria. Los impactos provenientes del Covid-19, son: la disminución a casi cero de las actividades económicas, la caída de los precios internacionales del trigo en menos 8.3 por ciento y del maíz en menos 16.2 por ciento; México es uno de los 10 principales exportadores de estos productos, por lo que esta situación afecta negativamente a nuestros productores; México tiene los salarios más bajos tanto de Latinoamérica como de la OCDE, los últimos incrementos por la 4T no compensan el deterioro, que por 30 años se le impusieron; la interrupción de las cadenas de valor, el desplome del turismo, la caída del sector industrial en marzo de este 2020 en 5 por ciento respecto al mismo mes del año anterior, en manufactura y construcción 6 y 7 por ciento respectivamente, el ahorro bruto pasó del 24 por ciento del PIB en 2011, al 20 en 2020, propiciando la caída de la inversión. Pasamos de la vulnerabilidad a una crisis recesiva.

Para evitar que la crisis sanitaria se traduzca en crisis alimentaria se debe asegurar la rectoría económica por parte del Estado, facilitando su intervención en la disponiblidad de alimentos, lograr la colaboración público-privada para solucionar los cuellos de botella en la cadena de suministros y en el acceso a los alimentos, dada la aversión de la ultraderecha mexicana, que ya incluye algunos gobernadores, la hace casi imposible.

Recurrir a la colaboración multilateral a nivel internacional y con otras naciones, con los gobiernos estatales y empresarios a fines, como con trabajadores y campesinos.

Es imprescindible involucrar al sector generador de conocimientos, de capital humano y desarrollo científico-tecnológico, que son las universidades públicas, reserva de talentos con sentido social, para la revolución tecnológica que ya se inció y no habrá país o región que no tenga que reinventarse para hacer de la revolución tecnológica su mejor aliado y que siga siendo el instrumento del empoderamiento de los monopolios trasnacionales.

No solo nos sentemos a la espera de ver morir a nuestra gente, ya sea por la pandemia o por la crisis alimentaria, sino que sea una fase de aprendizaje para hacer de México un mejor país. Solo el conocimiento y la tecnología nos darán la luz para ver el fondo del hoyo negro de esta crisis.

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