Cristina, la guerra terminó

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Alejandro Sandoval

Condiciones para el fin del conflicto: esta no es una firma para capitular, tampoco una forma de alzar la bandera blanca. Es preciso ver el poder de mi alma sobre mi cuerpo, su manera de actuar sobre mis pasiones, Hoy puedo enumerarlas, definirlas, constatar el peso de su generosidad, hoy concluyo que el conocimiento de todas ellas me ayuda a no temerlas. Solo con amor alcanzaremos la verdad. La guerra terminó
Dijo Descartes a Cristina de Suecia, a mi nuevo ver la mejor regente que jamás tuvo el mundo, que había una forma de controlar los efectos del amor, las consecuencias de nuestras pasiones: algo muy parecido a la garantía que tiene un exorcista al conocer el nombre del demonio a vencer, la reina progresista, la reina del amor libre, la reina que firmó el fin de una guerra no tenía que preocuparse por la imposibilidad a la que la invitaban sus sentimientos más puros, su victoria estaba cerca, aún con los prejuicios de su época ni siquiera invirtió en el exhaustivo presupuesto de la negación, bastaba con llamar a las cosas por su nombre, reconocer sus pasiones, enumerarlas, admitirlas, al final, el conocimiento del amor sentido le otorgaba poder y dominio sobre ellas.
¿Qué lugar merecería Cristina en los libros de la historia universal cuando no sólo apoyó el fin de la gran Guerra de los 30 Años del siglo XVII sino que se erigió como la mecenas del pensamiento ilustrado, crítico, libre y creativo por excelencia? La lógica no cabe en esta respuesta. Cristina de Suecia es un lugar casi borrado junto a los hombres sobresalientes por los que se agotaron varios litros de tinta para su inmortalización. El cine hoy trata de aproximarse a la justicia por la reina, a casi 400 años de distancia.
The girl king (Canadá, 2015) o La reina Cristina, del director francés Mika Kaurismäki, lleva al entendimiento de un eco profundo y ahogado en el tiempo, allá donde el frío del norte en el viejo mundo congela la expresión. No es que la historia de la gobernante enamorada sea un secreto, pero tampoco es un tema en tendencia y lo que de ella aparece no es más que plumas obligadas a hablar de ella porque, pese a que a muchos duela, es pieza crucial en el paso de los hechos.
Y parece que Kaurismäki es tan consciente de esto que se atreve a revivirla a partir de su polémica figura. Quizá lo provocativo de su título, que en la traducción directa del inglés refiere a una “chica rey”, enganche al espectador para darle otra oportunidad, la que no le dieron en su época.
En la lista del género biopic del cine hay tantos nombres de emblemáticos personajes, Isabel II, por ejemplo, la mujer que apuesta por ser la reina centenaria que atravesó el paso entre siglo y siglo con los dos pies en la tierra se lleva el récord en la pantalla grande, a ella no le alcanzan los más de 60 años en el trono británico para igualar lo logrado por Cristina en no más de tres años con corona. Y aunque el poder se encargó de borrar el suyo, su capacidad para brillar sin apoyo deslumbró en el séptimo arte contemporáneo de habla francesa.
Mika sabe que en sus manos posee una historia que atraviesa épocas y que paradójicamente, con todo y su antigüedad, resulta vigente e inspiradora para los problemas, las dudas, los crímenes y los prejuicios que todavía pesan sobre los hombros de la “sociedad moderna”. Por eso más vale destacar el mérito de su guion, esa forma de resolver la reconstrucción de los hechos verídicos sin ser un frío relato hace que cualquier actuación, vestuario o dirección de cámaras suceda de manera natural.
El notable de nombre de Cristina es dignificado en esta película, sí por el cuidado de su acercamiento a los documentos pero sobre todo porque la reina encuentra un foro muy abierto para hablarle al mundo hoy, para ofrecer su versión y compartirnos la extensión de su corazón, ese que movilizó a un continente para asumir los pesados costos de la paz, el mismo que enriqueció el valor cultural y artístico de su imperio, el que la llevó a editar su fe y el que consintió que cultivara el amor por la condesa más hermosa de su corte.
Y ya que las reflexiones de Cristina no quedaron aisladas para fortuna de la humanidad, en la intricada filosofía de su alma, la película se decide a restaurar las dudas de otro crimen de alto grado, la muerte del matemático francés René Descartes, ultimado según las oficiales escrituras por neumonía. La máxima posibilidad de su asesinato tiene una clara relación con la reina ilustrada a quien le dio una solución para firmar la paz en su corazón.

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@lejandroGALINDO
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