Cuando estudiaba la licenciatura, uno de los pocos referentes de mujeres periodistas que tuve en alguna clase fue Cristina Pacheco. Así, empecé a verla en Canal 11 y observaba con atención su manera de expresarse, de entrevistar, de hablar con pasión y de mostrarnos la vida cotidiana de la Ciudad de México.

Por eso, en 1983, mis amigas de la UNAM y yo fuimos a buscarla para hacerle una entrevista. Fue muy generosa, nosotras éramos apenas unas aprendices del periodismo y nos dio un espacio en su agenda. Llegamos y nos sentamos con ella frente a su escritorio. Mis compañeras de inmediato sacaron su grabadora, la mía se atoró en mi mochila y no pude sacarla al mismo tiempo que ellas. Y en eso, doña Pacheco que les llama la atención: “¿Cómo? Nunca se confíen de la grabadora. Nunca se aferren de ella. Escuchen a su entrevistado, busquen su mirada para ganarse su confianza, miren a los ojos mientras les responde. La grabadora es lo último que debe preocuparles. No graba las emociones ni las sensaciones, lo importante en toda entrevista”. Obviamente, ya no saqué mi grabadora, la lección quedó aprendida y desde entonces, lo primero que me preocupa es la persona que voy a entrevistar y el ambiente en torno a ella.

Además, la charla con la admirada Cristina fue deliciosa, llena de anécdotas y amor por el periodismo. Desde entonces, es y será una de mis periodistas favoritas.

Por eso, ahora que he podido formar parte del jurado del Premio Nacional de Periodismo me he aferrado a proponerla por su trayectoria y en este 2019 ha sido reconocida. Brinca de alegría y ese mismo día de su elección, me pongo a escribir: “Mi destino es escribir historias, ese destino me gusta, no me arrepiento de nada de lo que escribo…”, así lo aseguro Cristina Pacheco.

Ella que sin más bases que su propia creatividad comenzó a colaborar con un seudónimo de hombre, ante lo extraño y quizá prohibido que todavía resultaba en 1962 que una mujer escribiera en una publicación periodística. Pero su compromiso y pasión fueron la fuerza para que poco a poco tuviera reconocimiento. Así empezó a escribir en Siempre! (1977) y otros espacios. En 1980 se integró a Canal 11 donde creó el programa “Aquí nos tocó vivir”, donde daba voz a la gente de la vida cotidiana mexicana. Bien dijo Carlos Monsiváis sobre esta emisión: “Aquí nos tocó vivir. Aquí nos tocó atestiguar. Aquí nos tocó aplaudir y chiflar. Cristina Pacheco no deja barriada o sitio de encuentro sin visitar y sin interrogar con la felicidad que le procura la felicidad que va encontrando, y que cada vez más algo le debe, con ella no funcionan los imposibles”.

Es así como a lo largo de casi seis décadas ella escribe y habla, narra y denuncia. Ahí están sus libros como Sopita de fideo o Zona de desastre. Su columna tan leída en La Jornada, “Mar de historias”. Cristina Pacheco, nuestra periodista hoy reconocida por su trayectoria por el Premio Nacional de Periodismo 2018. Qué alegría.

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