En diciembre de 2019 en la localidad Wuhan en China, se reportó un número de casos con un tipo de neumonía, parecía solo una enfermedad más, lejos de nuestras latitudes, sin embargo, en marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud la reconoció como una pandemia denominada Covid-19.

Nadie pensó que en marzo del 2020 cambiarían las actividades académicas y personales… parecía un jornada normal, pero al iniciar el día las llamadas de catedráticos y alumnos no cesaban, manifestaban su angustia, preocupación además de desconcierto, ante una serie de noticas falsas de casos de alumnos contagiados las instalaciones del ICSHu se desinfectaron como un protocolo de seguridad, el fuerte olor a cloro hacían imposible permanecer en las instalaciones.

Fue entonces que a partir del 23 de marzo, la licenciatura en trabajo social ha vivido muchos cambios, las aulas se han callado, los pasillos están abandonados, el silencio se manifiesta en las instalaciones, pero no la voz de los universitarios, la educación trasciende el espacio físico, ahora el aprendizaje se apoya en las nuevas tecnologías para poder continuar con las clases.

Surgen dudas, la población estudiantil de la licenciatura en trabajo social es mayoritariamente de municipios lejanos a la ciudad de Pachuca y de otros estados del país, el contar con Internet y computadoras personales es un reto que hay que enfrentar, pero eso no es limitante para que alumnos y docentes instrumenten medidas emergentes ante una situación extraordinaria, el aprendizaje es ahora a distancia, hoy hablamos y utilizamos el Internet, los smartphones, el uso de Whatsapp, Facebook, correo electrónico, se crean aulas virtuales, Zoom, Meet, Drive, formularios y muchos más son espacios coloquiales donde interactúa el universitario.

La contingencia ha sido una oportunidad para darle un aire fresco al deteriorado sistema ecológico que mucha falta le hace, el confinamiento ha estrechado la convivencia con nuestros seres queridos por medio de herramientas de comunicación, el futuro es incierto, pero poco a poco se aclarará, regresará la oportunidad de disfrutar el encontrarse con amigos cara a cara, salir a las calles libremente, hacer ejercicio, ir al cine, teatro, al café, bibliotecas, parques, será un momento de felicidad donde impulsemos un respeto a nosotros mismos desaprender prácticas nocivas a nuestra salud, de respeto al prójimo, a la diversidad, a la ecología.

Hoy los universitarios esperamos con ansias regresar a nuestras instalaciones universitarias, volver a darle vida a sus pasillos, aulas, cubículos, auditorios, regresar a las actividades con todo lo que conlleva adaptarse a la nueva normalidad. Sin duda, el distanciamiento es físico pero no social, por ello después de este confinamiento, saldremos fortalecidos, aprender conductas saludables, a vivir con “su sana distancia”, a prácticas higiénicas, como lavarnos las manos, desinfectar los instrumentos personales, a utilizar las nuevas tecnologías como una forma más de transmitir los conocimientos, a nuevas formas de convivencia social.

Por todo lo anterior, con esta pandemia, sale a relucir la fortaleza de estudiantes, académicos, administrativos y directivos, de nuestra institución, para poder adaptarse a esta nueva forma de aprendizaje, dejando en claro la entrega para terminar el semestre y enfrentar lo que sigue, hoy se manifiesta el baluarte de los universitarios, hoy cobra más que nuca la frase emblemática de nuestro rector, el maestro Adolfo Pontigo Loyola “nadie es mejor que todos juntos”.

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