Pachuca

Salieron a las calles de Pachuca con el afán de convencer a la sociedad, pero en lugar de ello solo consiguieron alejarla, espantada y precavida.

Las protestas contra el incremento del precio de las gasolinas dejaron una capital de Hidalgo caótica, introvertida: incomunicada por algunas horas, con bulevares bloqueados y comercios cuyas puertas cerraron ante los saqueos imaginarios.

El miedo provocado por los rumores de vandalismo y rapiña, agresiones, palos y vidrios rotos, ante la ausencia del gobierno de Hidalgo, provocó que los habitantes de Pachuca se encerraran en sí mismos. Unos protestaban y otros escapaban de sus temores.

Una sociedad que escapa de sí misma. Los videos de desmanes difundidos en redes sociales, el botín como recompensa mal lograda y la ausencia de las autoridades contribuyeron a ese evadirse de la realidad.

Hombres y mujeres, ancianos y jóvenes llegaron a la gasolinera del bulevar Colosio, frente al centro comercial de la Mega. Poco a poco avanzaron para bloquear parcialmente el paso de carros.

Sus ropas, modestas. Pantalón de mezquilla, zapatos o tenis. Sus aspectos, sencillos, el tono de la voz de quien ha crecido en barrios de la periferia.

Una bandera de México, cartulinas con consignas sobre la soberanía nacional y la petición ¡únete!, a los automovilistas que, solidarios, dejaban que los manifestantes pintaran sus ventanas con un “no al gasolinazo” o, molestos, los evitaban.

El rumor de sus voces corrió pronto y cuando llegó a la plaza comercial, las tiendas de ropa, artículos eléctricos, casas de empeño, cerraron sus puertas y los empleados de la Mega bajaron las cortinas y despacharon a los clientes que aún quedaban dentro.

Trabajaron normalmente el restaurante California y el banco Scotiabank, y el paradero del transporte público recibía a las combis que con esfuerzo y paciencia lograban pasar el embudo del bloqueo.

El rumor creció cuando cuatro motocicletas de la policía municipal avanzaron a toda velocidad, perseguidas por dos patrullas, hacia la plaza gran Patio, donde supuestamente ocurrió un saqueo.

Al llegar, los policías solo vieron a comerciantes asustados que cerraron sus establecimientos, clientes despistados que no sabían que sucedía y el trajín cotidiano de un centro comercial que reiniciaba después de un mal entendido.

Caótica, Pachuca. Incomunicada, la capital de Hidalgo: bloqueada la carretera hacia la Ciudad de México y obstruida la principal vía hacia el Valle del Mezquital, a la altura de San Agustín Tlaxiaca, los pachuqueños se vieron a los ojos, quizá un poco apurados, quizá sin reconocerse.

La sensación de caos incrementó cuando los comerciantes del centro histórico de Pachuca cerraron sus establecimientos. La central de autobuses suspendió sus corridas: quienes venían de Ixmiquilpan o más lejos, Zimapán, tenían que pagar taxi, trasbordar.

Fue una tarde calurosa. Los manifestantes de la UNTA, CODUC y Coordinadora Nacional Plan de Ayala, buscaban una sombra frente a las instalaciones de Petróleos Mexicanos, sobre el bulevar Felipe Ángeles, donde bloquearon la circulación.

Un centenar de camiones de carga permanecieron frente a Pemex, se cansaron, dijeron que se organizarían para lograr sus objetivos y después se fueron. Satisfechos. El paso de los carros volvió a la normalidad, junto con las obligaciones diarias, lenta e irremediablemente.

bloqueos

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Víctor Valera
Egresado de la UAEH, reportero en Hidalgo desde 2007. Cuando inició a reportear en diarios locales, cubrió organizaciones campesinas y protestas sociales. Actualmente cubre la fuente política y Congreso local. [email protected]