En anteriores entregas dominicales que refieren a hechos del movimiento de Independencia nacional, iniciado en 1810, y en particular los que se desarrollaron en el territorio del ahora estado de Hidalgo, en otras ocasiones hemos citado el libro del historiador universitario Víctor Manuel Ballesteros García (1952-2005). Ahora nos apoyaremos de la bibliografía del libro Cronología histórica del estado de Hidalgo (2013), bajo el sello editorial de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y del también investigador universitario Sergio Vázquez Sánchez, y de manera parcial del texto de nivel educativo de secundaria Canto de Sol. Hidalgo. Tierra, historia y gente (2003), coordinado por Víctor Manuel Ballesteros.

Al abordar la obra Cronología histórica del estado de Hidalgo, Sergio Vázquez Sánchez comenta que este libro se lo dedica a la memoria de Víctor Manuel Ballesteros García, incansable investigador de la historia hidalguense y fundador de la carrera de historia de México en la máxima casa de estudios de la entidad, quien se preocupó por difundir exhaustivamente la historia del estado de Hidalgo.

Al pie del Monumento a los Insurgentes, localizado en la glorieta de la avenida Juárez, en la capital hidalguense, Sergio Vázquez da cuenta de la placa en bronce que da testimonio de la construcción en cantera extraída de 82 municipios hidalguenses que para 1983 existían; la autoría de la obra se debe al maestro escultor Carlos Bracho, la arquitectura estuvo a cargo de Vicente Mendiola y la dirección de Ricardo Hoyos Macedo.

Ese monumento, localizado frente al edificio de la Preparatoria uno de la UAEH, fue inaugurado el 30 de julio de 1954, es decir, 15 años antes del nacimiento de ese plantel universitario.

Sergio Vázquez comenta que en su libro Cronología histórica del estado de Hidalgo abordó el periodo de la Independencia de México y expresó que el movimiento insurgente novohispano se caracterizó por la diferencia ideológica entre la primera fase (1810-1815), enteramente popular y animada por los principios ideológicos surgidos de la protesta contra los abusos del poder; y la etapa final (1816-1821), en la que la consumación de la Independencia pasó a ser un mero trámite de legitimación para que los peninsulares y algunos criollos continuaran con sus privilegios.

Un elemento de gran importancia fue el trasfondo religioso del movimiento independentista al amparo y protección de la imagen de la Virgen de Guadalupe, que legitima el levantamiento iniciado por Hidalgo e impulsa el que encabezara Morelos, sin el cual hubiese ido imposible la gran respuesta popular que alcanzó en pocos días la Revolución, así como la participación de sacerdotes de distintos lugares de la hoy geografía hidalguense, que pronto sumaron importantes contingentes al movimiento.

En sus comentarios, Vázquez Sánchez continúa y sostiene que hacia finales del virreinato, el territorio que actualmente conforma el estado de Hidalgo estaba incluido dentro de la Intendencia de México. La importancia de esa región radicaba entonces en el gran desarrollo de la minería, experimentado principalmente en las comarcas de Pachuca, Real del Monte, Zimapán y en menor medida Ixmiquilpan-Cardonal.

Otro factor relevante de la economía regional fue la creciente producción pulquera del Altiplano, que abarcaba desde las zonas ahora conocidas como los llanos de Apan y Tulancingo hasta el Valle del Mezquital.

Debe agregarse la privilegiada ubicación geográfica de ciertas zonas de obligado paso entre la capital de la Nueva España y las provincias del norte y el Bajío, así como hacia los puertos del golfo, lo que permitió el gran desarrollo comercial de regiones como Tula y Huichapan.

Es importante destacar que en el año de 1809 las condicionantes geográficas y económicas se constituyeron en factores determinantes para la gestación y desarrollo de las diversas etapas del movimiento insurgente en diferentes comarcas del actual estado de Hidalgo: en la región Tula-Huichapan destacaron las acciones insurgentes de Miguel Sánchez, Julián Villagrán y su hijo José María el Chito Villagrán, las de los hermanos José Mariano, Francisco y Cayetano Anaya, así como las de los sacerdotes José Manuel Correa y José Antonio Magos; en la comarca minera, que abarcaba las poblaciones de Pachuca, Real del Monte y Atotonilco el Grande, así como las tierras del Altiplano pulquero que comprendía las subdelegaciones (antiguas alcaldías mayores) de Tulancingo, Apan, Tepeapulco y Zempoala, en las que participaron de manera muy activa Antonio Centeno, Mariano Aldama, Vicente Beristaín y Sousa, Miguel Serrano, Eugenio Montaño, Pedro Espinosa, Miguel Inclán, Diego Manilla y, sobre todo, José Francisco Osorno; la tercera región incluyó las amplias zonas de la Sierra Alta y la Huasteca, en las que además de las acciones proselitistas de los llamados molangueros se encuentran también las de los insurgentes Jacinto Solares, Rafael Vizuet y Pedro Franco, aunque buena parte de esa área se caracterizó más por su filiación realista y por el abanderamiento de distintas contrarrevoluciones.

Insurgencia en el hoy estado de Hidalgo

Sergio Vázquez Sánchez continúa su relato y comenta que iniciado el movimiento insurgente en 1810, la información llegó rápidamente a los confines del territorio hoy hidalguense, por lo que durante este mismo año, don José María Correa, cura de Nopala, se levantó y fue nombrado comandante militar de la zona entre Tula y Querétaro.

El sacerdote huichapense José Antonio Magos secundó el movimiento; por su parte, Julián Villagrán se levantó en armas contra el gobierno virreinal secundando desde Huichapan el movimiento iniciado en Dolores por Don Miguel Hidalgo y Costilla.

El cura de Alfajayucan, Eusebio Sánchez, inmediatamente informó al virrey sobre la entrada de insurgentes a ese pueblo, por lo que salió de la Ciudad de México el brigadier José de la Cruz rumbo a Huichapan.

Llegan a Nopala las tropas de José de la Cruz tratando mal a todos, incluso al cura Miguel Correa. Con la entrada a Huichapan del realista José de la Cruz se produjo la huida de Villagrán. En Huichapan, José de la Cruz publicó un bando donde imponía penas muy severas a los que infringieran sus mandatos; también ordenó al cura Correa que se presentara ante el virrey Venegas.

Entre 1810 y 1816 ocurrieron, en territorio hoy hidalguense, múltiples enfrentamientos de tropas realistas e insurgentes. Villagrán fue vencido en Huichapan por el coronel José Castro; Mariano Aldama y Chito Villagrán se enfrentaron en el cerro de la Magdalena, pero fueron derrotados por los realistas. Antonio Centeno, quien se hacía llamar “capitán comandante de los reales ejércitos de América”, participó en la toma de Tulancingo, Apan y Calpulalpan. El cura Manuel Vázquez llevó a cabo una contrarrevolución en Metztitlán; junto con el indio Juan Lázaro proclamaron su fidelidad a Fernando VII.

Por su parte, el insurgente Julián Villagrán atacó infructuosamente el mineral del doctor. Después de tres meses de sitio consiguió posesionarse de la población. Los insurgentes atacaron Pachuca, pero fueron rechazados. En los llanos de Apan combatieron Mariano Aldama y José Francisco Osorno. Aldama fue emboscado y asesinado en el rancho de San Blas, con lo que Osorno quedó como jefe principal de la región. El gobierno virreinal ofreció el indulto a los insurgentes amenazando con la muerte a quienes no aceptaran, contrario a lo que se esperaba, un mayor número de hombres se unieron al movimiento.

En 1811 sucedió un rudo combate entre las fuerzas realistas y las insurgentes en Pachuca, rumbo a Huejutla. Los insurgentes se dirigían a Metztitlán, pero Álvarez de Guitián derrotó a los insurgentes en Xihuico, distrito de Metztitlán. José Francisco Osorno, junto con Eugenio Montaño, Miguel Serrano y Vicente Beristaín lograron tomar la plaza de Real de Pachuca. Desde Tenancingo salió el realista Rosendo Porlier a combatir y derrotar a José María Oviedo en las barrancas de Tecualoya.

También en septiembre de 1811 los insurgentes Osorno, Anaya y Olvera atacaron Tulancingo, defendida por el realista Francisco de las Piedras, pero fueron rechazados.

Vázquez Sánchez, autor del texto Cronología histórica del estado de Hidalgo, agrega que en el transcurso del año, durante el tianguis dominical que se efectuaba en Alfajayucan, los realistas Domingo Claverino y Rafael Casasola atacaron a gente indefensa y asesinaron a 150 vecinos, apoderándose de la mercancía abandonada en el lugar.

Hacia finales del año, el realista Claverino recuperó Real de Minas de Pachuca, Real del Monte, Real de Atotonilco el Grande y El Chico. Francisco de las Piedras, comandante militar de Tulancingo, se apoderó de Huasca al ir para Real de Atotonilco el Grande a unirse con Claverino. Osorno, Cañas y González atacaron Tulancingo sin lograr tomarla. Los insurgentes fueron derrotados en la venta de Irolo.

Los insurgentes atacaron a los realistas en Real de Atotonilco el Grande y al no poder apoderarse de la población le prendieron fuego. Ignacio López Rayón expidió el título de teniente general a Julián Villagrán, y de mariscal de campo a su hijo José María Villagrán; también en ese año ocurrió la derrota en Huichapan de 500 españoles. Rayón realizó una expedición en Hidalgo instalando su cuartel en Huichapan. Se mandó la imprenta a Huichapan. El pueblo de Apan fue atacado, pero los insurgentes fueron rechazados.

En parte de la cronología que relata el investigador universitario Vázquez Sánchez comenta que el realista Monsalve atacó Huichapan, defendida por Chito Villagrán. Dos días de feroz batalla provocaron que los insurgentes intentaran huir, pero Villagrán fue capturado.

José María Villagrán fue ejecutado en Huichapan. Los realistas atacaron Zimapán defendido por Julián Villagrán.

Durante 1812, en los llanos de Apan, Osorno desbarató una compañía del batallón fijo de Veracruz. Osorno intimó la rendición de la ciudad de Tulancingo al coronel Francisco de las Piedras; este mandó a José del Toro, quien fue derrotado. Osorno en vez de aprovechar las ventajas obtenidas se retiró a Singuilucan.

Osorno volvió a atacar Tulancingo, pero fue obligado a retirarse a los llanos de Apan. Barradas recibió la orden de fusilar a todo aquel que cooperara con los insurrectos.

Un hecho público conocido por el pueblo de México es la celebración del segundo aniversario de la proclamación de la Independencia, que fue realizada por primera vez en el país en Huichapan, aún perteneciente a la Intendencia del Estado de México; el hecho tuvo lugar en una pequeña casa llamada El Chapitel, asistiendo a esa ceremonia Ignacio López Rayón y Andrés Quintana Roo. Morelos recibió el botín capturado en Pachuca. Rayón intimó la rendición frente a Ixmiquilpan; a pesar de estar a punto de tomarla, se tocó retirada y regresó a Huichapan para luego ir a Tlalpujahua.

El año de 1813, José Barradas fue nombrado comandante de los Llanos de Apan; en la llanura de Tortolitas fue destrozado su ejército por los insurgentes al mando de Osorno. El virrey destituyó a Barradas y en su lugar nombró a Francisco Ayala, quien se mantuvo a la defensiva.

Al llegar Don Ignacio López Rayón a Huichapan intentó atraer el apoyo de los Villagrán a sus campañas, pero no solo no lo logró, sino que incluso lo traicionaron. Don Julián había escogido como punto favorito la serranía de Zimapán y se hizo llamar “Julián I, emperador de la Huasteca”, acuñó moneda con ese título y se convirtió en el cacique absoluto de la región, que no obedecía ni a Rayón ni a Morelos ni a nadie.

Sus correrías se hicieron famosas, hasta que la fatídica noche del 13 de junio de 1813 fue sorprendido en la hacienda de San Juan Amaxac y fue hecho prisionero por el realista Casasola, entregándose a don Rufo Palacios, quien personalmente hizo la aprehensión.

Por órdenes de Calleja, don Julián Villagrán fue fusilado junto con otros 22 insurgentes el 21 de junio de 1813. En el panteón municipal de Huichapan permanecen en pie los mausoleos en cantera en honor a los insurgentes hermanos Villagrán.

En 1814, Manuel de la Concha, captor de Morelos, recibió del virrey el mando militar de los llanos de Apan con instrucciones de detener las correrías de Osorno. Al comenzar ese año, las tropas realistas, en el actual estado de Hidalgo, estaban bajo el mando por Francisco de las Piedras en Tulancingo y Metztitlán; Francisco de P Villaldea en Pachuca; Ordoñez en Tula; Rafael Casasola en Huichapan, Zimapán, Ixmiquilpan y Actopan; Castro en Singuilucan y Concha en Apan. Los insurgentes eran: Osorno, Inclán, Espinosa, Serrano y Vicente Gómez, que operaban en los llanos de Apan y Tulancingo.

Entre los años de 1815 y 1816, Osorno incendió los pueblos de Zempoala, Singuilucan, Otumba y las haciendas de Tepetates, Jala y Ometusco para evitar que los realistas se aprovisionaran. Sucedieron fuertes combates entre las fuerzas de Osorno y las de De la Concha: el 18 de abril de 1816 se libró la batalla en Venta de Cruz, cerca del famoso acueducto de Zempoala, decidiéndose la batalla hasta el 21, con la derrota de los insurgentes.

Don Anastacio Bustamante con los Dragones de San Luis persiguió a los maltrechos escuadrones de Osorno. Tras las derrotas infringidas a las tropas de Osorno comenzaron las defecciones y el abandono de sus seguidores. Hacia finales de 1816, Osorno se rindió ante el mayor Juan Ráfols, aceptando el indulto del virrey Apodaca. Las armas virreinales lograron pacificar la Huasteca.

El retiro de Osorno trajo como consecuencia la deserción de los pocos jefes rebeldes que aún quedaban en la zona de los llanos de Apan y regiones circunvecinas, entre ellos Miguel Serrano y Antonio Torrejón, que fueron indultados junto con Osorno; a Ciriaco Aguilar, levantado en Pachuca, se le concedió el perdón en agosto de 1816; Pedro Espinosa, quien se insurreccionó en Zempoala, se acogió al indulto en octubre de ese mismo año, y Diego Manilla hizo lo propio en febrero de 1817. Insurrección de José Antonio Magos en la Sierra Gorda, vecina y por lo mismo una verdadera amenaza, para el Real de Minas de Zimapán.

Ya en 1817 se abrió el proceso en contra del fray José María Álvarez, acusado de haberse negado a confesar a un soldado realista, en el cual se hace alusión a la mayor parte de los religiosos del Colegio Franciscano de Propaganda Fide, de Pachuca, por ser adeptos a la causa insurgente, por lo que se decretó una permanente vigilancia sobre los religiosos de dicho monasterio. En ese mismo año, pasó por la cárcel de Pachuca el ilustre fraile José Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, quien permaneció recluido por 15 días en dicha cárcel.

Por su parte, Osorno quien se había retirado en el rancho que tenía cerca de Tetela de Jonatla, fue nuevamente aprendido a mediados de 1818, con el pretexto de que formaba parte de una conspiración fingida, por lo que se le condenó a 10 años de destierro, pero cuando esperaba la resolución a la inconformidad por esa sentencia obtuvo su libertad en 1820 al decretarse la amnistía general por haberse proclamado nuevamente en España la Constitución de Cádiz.

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