Las imágenes que nos rodean se construyen a partir de un objetivo que su creador establece, el cual puede surgir a partir de la motivación de su autor o de quien le haya solicitado esa creación, por ejemplo, las obras de arte encargadas por la Iglesia.

Sin embargo, en el momento en que esa obra sale al público comienzan otras lecturas que se ven influidas por la cultura visual de cada persona que la aprecia. Así la intención que haya puesto el autor, por lo cual decidió qué elementos quedaban en cuadro y cuáles fuera, toma otro sentido. Un sentido que se verá influido por todo el bagaje cultural que cargue quien lo observa.

Así tenemos entonces un nivel de observación de la imagen en relación a los elementos que contiene dentro del cuadro, sea pintura, fotografía, ilustración, historieta, un cuadro de una secuencia cinematográfica, cartel, etcétera. Los planos, objetos, puntos de fuga y demás puntos de composición de la imagen nos darán datos sobre el objetivo del creador de la obra, pero también se verán determinados por nuestra propia experiencia.

El segundo nivel se da cuando comenzamos a pensar, imaginar o cuestionarnos sobre los elementos que puedan estar fuera de cuadro. Por ejemplo, dónde ocurre la escena, de dónde surgen los personajes, cómo continúa la escena. Estos cuestionamientos surgen también desde nuestra cultura visual, a partir de nuestras experiencias y conocimientos le damos un sentido a lo que ocurre en una imagen fija.

Todas las imágenes que nos rodean son fragmentos o detalles de escenas que están en la vida cotidiana o en la creación de una idea establecida. Es fácil que estas escenas, que solían ser parte de un todo, se conviertan en un entero nuevo. Vemos obras de arte que muchas veces no conocemos su contexto, se han arrancado de su espacio y se han integrado como unidad, de tal forma que se llegan a usar para representar diversas situaciones. Por ejemplo, el Guernica de Picasso, una pieza altamente reproducida por su valor como obra del cubismo, se imprime en muchos productos comerciales y circula fácilmente por espacios digitales, y pocas personas conocen su contexto, así como de las partes que la componen.

Pero hay otras imágenes que no pueden desprenderse tan fácilmente de su contexto, ya sea por su creador, por su época, los detalles de la misma, entre otras situaciones. Por ejemplo, la Mona Lisa, que probablemente es la obra más reproducida de nuestros tiempos; es difícil desprenderla de su contexto renacentista, aun cuando se altere y utilice en cientos de memes en las redes sociales, los detalles de su vestimenta, los colores de la obra, entre otras cuestiones de su composición nos regresan a su esencia.

Estos niveles de análisis no los hacemos solo quienes nos dedicamos a la investigación de las imágenes, todos lo hacemos de una manera consciente o inconsciente. Esto puede quedar más claro con imágenes que presentan eventos de la vida cotidiana. Por ejemplo, en el fotoperiodismo es común que al detectar ciertas fotografías nos sintamos más identificados o nos genere una sensación de pertenencia, de conocer el espacio o conocer la historia que se presenta. Esto nos permite ampliar la historia más allá del cuadro que se presenta y desarrollar nuestra propia narración en torno a lo que está fuera de cuadro.

Si no conocemos directamente la historia o situación que se presenta se hace presente entonces nuestra memoria colectiva, esa información que ha quedado en nuestra memoria y que nos permite empatizar con ciertas historias o gráficas para darle un sentido a lo que estamos viendo. Esto va a suceder con imágenes de cualquier tipo, incluso las abstractas, pues va más allá de los elementos presentados, incluye nuestras emociones y, por lo tanto, nuestro gusto ante una imagen o diseño.

Como recomendación, asista a la exposición que actualmente ocurre en el Cuartel del Arte en la plaza Aniceto Ortega, en Pachuca, titulada Opera omnia, la cual nos acerca a obras pictóricas del renacimiento a través de reproducciones digitales de alta resolución y tamaño real. Aprovechemos conocer los frescos de tres grandes artistas del renacimiento a los que de otra manera sería difícil tener acceso, incluso un valor de esta exposición es que podemos observar detalles mínimos de las obras que en los museos no tendríamos oportunidad de apreciar.

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