¿En qué estábamos? ¡Ah!, que el licenciado Andrés Manuel López Obrador ahora sí está plenamente convencido de que ganará la elección presidencial del primero de julio de 2018.
¡Ah! Y que la trinca del Frente Ciudadano por México con esa coalición de chile, dulce y manteca, con un candidato arropado por corrientes de izquierda y derecha, amén de algunos centristas y dizque demócratas de pedigrí, echará al PRI de Los Pinos.
Y, bueno, que los independientes como Margarita Zavala Gómez del Campo, Pedrito Ferriz de Con y Jaime Rodríguez Calderón el Bronco tienen la plena convicción de ser candidatos independientes y ganar la elección presidencial.
¡Vaya!, hasta el exgober Rafael Moreno Valle Rosas presume que tiene todas las herramientas políticas y el apoyo ciudadano para rendir protesta el primero de diciembre de 2018 como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Entonces, si cada uno de esos próceres y sociedades políticas están plenamente convencidas de que en los comicios harán morder el polvo al candidato del Partido Revolucionario Institucional, por qué la molestia, a qué obedece el prurito que les causó el destape de José Antonio Meade Kuribreña desde los merititos Pinos, cuando el presidente Enrique Peña Nieto le aceptó la renuncia a la cartera de la Secretaría de Hacienda.
Por supuesto que nos volvieron a engañar con la verdad desde la cúpula del poder político en México. Todo el mundo sabía que el “tapado” era Meade Kuribreña, sin necesidad de haber pasado por El Colegio de México ni haberse despachado una maestría, hoy en boga, en temas de sucesión presidencial.
En suma: que nadie se llame engañado ni sorprendido; también que no le jueguen al analista político en esto del “destape” del doctor José Antonio Meade Kuribreña.
Porque quienes en la víspera mantenían una sospechosa por cuanto manipuladora descalificación de las versiones que, durante el fin de semana último, dieron por sentado que el tapado era Meade, e insistieron en que el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong era el elegido, fueron un juego elemental que atendió a intereses de un grupo que se ha desdibujado en tiempos recientes.
Porque, como suele ocurrir en estos juegos del poder, desde ya el exsecretario de Hacienda José Antonio Meade Kuribreña habrá de cuidarse del fuego amigo, de los resentidos y frustrados miembros de los grupos que habían apostado a la sucesión. No es nada nuevo, este es el juego que todos jugamos.
Y de eso sabe, y bastante, el canciller Luis Videgaray Caso, a quien le ganó la emoción de saberse poseedor de la divina y elemental palabra de quien decide a su sucesor. Porque también es un secreto público que el presidente en turno decide quién será su relevo.
Por tanto, eso del dizque regaño quedó en el anecdotario, porque el propio presidente Peña Nieto no se convenció de aquella referencia de que con aplausos no se decide quién será candidato. Fue, elemental, mentir con la verdad.
Pero, estábamos en aquello de quienes auguran la derrota de Meade Kuribreña cuando no ha dado un primer paso, formal y elemental, de campaña. Si, por ejemplo, el licenciado Andrés Manuel López Obrador dice que habrá un segundo candidato, para simular, y presume de analista político porque desde junio dijo que el secretario de Hacienda sería el candidato, entonces ¿por qué tanto brinco?
Y, mire usted, no hay en estas líneas abono a la causa de Meade, porque ya tendrá sus apoyadores. Lo que llama la atención es que estos prohombres que se asumen dueños de la verdad, demócratas y triunfadores adelantaron vísperas y descalificaron al seguro candidato del PRI a la presidencia de la República.
El licenciado López Obrador, en un video que galopó en sus redes sociales, previó: “La mafia está decidiendo tener dos candidatos a la presidencia, uno, el principal, que seguramente va a ser Meade, ese va a tener el apoyo del PRI y también del PAN, porque el exsecretario de Hacienda ocupó el mismo cargo con (Felipe) Calderón”.
Y, para variar, aseguró que, con Meade Kuribreña, es darle continuidad al modelo neoliberal, por lo que lo apoyarán ambas fuerzas políticas.
Bueno, bueno, ya entrado en gastos y muy en su estilo, el presidente del consejo de administración de Partido Movimiento de Regeneración Nacional dijo que el otro candidato será el de la alianza entre el PAN y el PRD, al que llamó una especie de “candidato palero, un poco lo que hicieron en el Estado de México, la mafia apoyó a Del Mazo y el PAN postuló a una candidata y el PRD a su candidato, los paleros”.
La descalificación por delante, el evidente prurito. Pero, vaya, si el licenciado López Obrador y otros personajes como Jesús Zambrano y Ricardo Anaya prevén la derrota de Meade en las urnas, para qué tanta descalificación. ¿Cuál es el temor? Digo.

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