Un principio del derecho es que el que acusa está obligado a probar. A eso se obliga el propio gobernador Omar Fayad Meneses tras sus declaraciones en el sentido de que hay una mano que mece la cuna en la bancada de Morena. El mandatario lanzó ayer una declaración por demás paranoica, al referirse al grupo universidad, ese conformado por ciudadanos libres comprometidos con el estado desde la trinchera académica, como el principal interesado en “molestar al gobernador”. Ayer la escuálida oposición en el Congreso local pretendía presentar en tribuna una iniciativa de reforma electoral para las próximas elecciones. Sin consenso social ni nada. Y como dijera Fayad en casos como la supuesta investigación contra Francisco Olvera por corrupción: ¿cuál es la prisa? Desde meses atrás, el Congreso de Hidalgo prepara con foros y consultas una propuesta de reforma electoral que presentará la mayoría morenista antes de las elecciones de 2020. En cambio, el resto de los partidos acusaron atraso en la iniciativa y decidieron adelantarse y presentar la propia. ¡Al vapor! Cada uno de los 17 diputados de Morena tiene la encomienda de organizar los encuentros en sus respectivos distritos, en orden, con democracia y, lo más importante, con la voz del pueblo verdaderamente representada en el Poder Legislativo. Es indispensable preguntar si los legisladores que se inconformaron por la ausencia de Morena en el salón de plenos ayer, han leído el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que en su artículo 125 refiere que los pueblos indígenas tienen derecho a la participación política, así como la responsabilidad del Estado para responder a esa garantía. ¿Habrán atendido la resolución de la sala regional Toluca del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que determinó que el Congreso de Hidalgo debe consultar a más de cuatro mil comunidades indígenas? Hablando de “albazos”, ¿cuál es la prisa entonces, señor gobernador? Por otra parte, parece que a la oposición se le está haciendo costumbre llevar “matraqueros” a las sesiones de Congreso, con el respeto que merece la ciudadanía que asiste por su voluntad a esos ejercicios constitucionales. Por allá de septiembre, cuando el PRI quería agenciarse la presidencia del Congreso, echó mano de sus corrientes, grupos de choque; en mayo, cuando se aprobarían reformas a la Ley Orgánica del Poder Legislativo, el priista Julio Valera llevó a 200 “invitados” para que lo felicitaran con motivo de su onomástico. ¿Qué ciudadano en su sano juicio hace tremendo gesto a un político? Y ayer, cuando se pretendía presentar la propuesta alterna de reforma electoral, los partidos opositores volvieron a llenar el salón de plenos con lo que a todas luces eran grupos de choque. ¡Son chicanadas!, dijera el inquilino del cuarto piso. De filón. Delicadas las denuncias que hacen vecinos de Paseos de la Plata, en Pachuca, que con desesperación ponen el dedo en la llaga de la inseguridad.

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